Otro hijo (yo) del privilegio.

La radio siempre le da los buenos días,
toda una vida trabajando para asegurarse esto:
un buen expreso, el sol por el ventanal
y, tras él, unas tórtolas lavándose en la fuente.
Una vez me dijo con seriedad: Raúl,
mi única obsesión era daros lo mejor.
Yo le repliqué con sorna: y algún día lo heredaré, papá.
La vejez a parte de dar más perspectiva
te aporta mucho más tiempo,
como si la vida te regalara una última oportunidad
para un final limpio, sin más víctimas
que tus capacidades y tu memoria.
No tengo duda sobre sus bondades como padre,
sus errores lo han hecho único, pero
ahora que sus obsesiones son la seguridad,
mi madre y criticar a la izquierda,
resulta un hombre tierno, que se aferra
a lo poco que le permite
seguir sintiéndose fuerte. Sé que le quiero,
y que mientras le queden estas cosas
no habrá llegado la hora de acompañarle
en sus últimos pasos.