Rutas.

La poesía navega
entre la ignorancia y el sueño,
entre el sueño y el hallazgo,
entre el hallazgo y la vida.
La poesía navega,
navega firme
a pesar de ir a la deriva
en el silencio de la noche,
en los enigmas del deseo,
en las cenizas de los días.
Feliz día de la poesía 😉

La textura del cuervo. 

​Esa tristeza que sangra en la aurora

traza un mapa de dolor y silencio,
una guía repleta de miradas perdidas,
de cigarros apagados y versos
ahogados en tazas de café. Hablo de una tristeza
atmosférica, capaz de extenderse
como un hálito de desesperación,
sustituyendo la música de tus ojos
por un réquiem oscuro y el brillo dulce de tus labios
por la áspera sensación que trae consigo el olvido.
Son tristezas que vuelan con los cuervos
arrancando de las miradas todo fulgor,
todo atisbo de vida y esperanza.
Igual que una noche lúgubre
aquella en la que los fantasmas visten con plumas negras los espejos,
hayo tu grito herido, tu sombra en sombra,
tus cicatrices abiertas como tumbas vacías.
Así, tras este hallazgo espantoso,
puedo morir, para poder despertar.

Sonoridades. 

Esta mañana desnuda de hojas

tiembla como el viento hace estremecer las ramas.
Hay frío en mi corazón y un fuego gélido en mi mirada.
Siento en la punta de mis dedos
en mi frente inclinada
el peso de los años y la condena de su marca.
Quiero levantarme como se levantan las olas
tornarme tsunami o enredadera o  catarata.
Salir volando como alondra al amanecer…
Y descansar al fin
como descansa el trigo
cuando lo siega tu guadaña.
 

Eres como naces

Eres como naces

corazón de la fuente vítrea,
recipiente de lo infinito
y lo cotidiano,
espejo que se retuerce,
metal templado. Mares insondables
habitan tras los visillos, en tu vientre,
en tu escarcha, tras
los cielos de tus pupilas,
junto a tus palabras claras.

No hay mayor oscuridad que
la que irrumpe con tu luz,
ni mayor misterio que el que esclarece tu verdad.

Vistes mi día a día
con escaleras imposibles,
viajes sobre olas desnudas, 
laberintos en los que reconozco al minotauro
pues soy yo mismo
el que se mira
en la lágrima y en el grito.
Un yo vacío que no se sacia con nada
si no es desde el paradigma de la sed.
Así moldeas mi sombra
dando lugar e instante a mis fantasmas
haciendo de lo inefable
un vergel inacabado, un invernadero
donde refugiarse para poder soñar.

Extiendes tus alas hacia el sol
como rostros entre la lluvia
atándome a la vida,
hasta que no me queden pretextos
para escuchar lo que tienes que decir sobre mí.
Entonces
cuando al fin muera
no me hayaran en los gritos, ni en las lágrimas,
tal vez en una nada categórica e impenitente,
en un silencio de bar cerrado o
de fruta podrida.
Pero tu eco continuará resonando
mientras el tiempo sea tiempo y
alguien en su soledad acuda a ti
mientras contempla como arden las naves. 

La orquesta del Titanic 

Deja que nos piense

como músicos del Titanic,
tocando un último vals
antes de hundirnos
en la noche y su silencio.
Deja que te interprete
las notas más cálidas ahora
mientras aún estamos a tiempo y
tu piel se torna
el atlas perdido de mis sueños.
Deja que me sumerja en la melodía
escapando de la aurora y su escarcha,
de la herida que abren los fantasmas
cuando nos separa más el orgullo
que la distancia.
Deja que me calle al fin
y las sabanas se incendien 

con unos últimos acordes desesperados

hasta que desaten el fuego del deseo y ardamos en húmeda hoguera.
Sé que tal vez te pida mucho
o quizás pienses que no es gran cosa.
Pero mi latido marca el instante,

allegro ma non troppo
.  
.  

La memoria de las olas.

​Llega el mar, llega, 

llega. Con su aliento incesante,
con su latido eterno. Llega, llega,
como llega la vida y la muerte,
marcando el paso del tiempo. Llega.

Llega su voz profunda contando
historias de horizontes inalcanzables, llega porque
conoce el peso de las nubes y la indiferencia del viento. Llega. Llega, mientras
intento completar su materia incomprensible
con palabras que abarquen lo infinito. Llega, llega y recuerda que
no hay margen que contenga la armonía de su ritmo,
ni la memoria de sus olas.

Silence blues

​La silla vacía

ocupa un hueco que

nadie más podrá llenar.

Ni la música, ni la carne,

ni los vasos vencidos.

Este rebaño se ha quedado huérfano y

todas las ovejas negamos el presente, 

porque sabe a pasto quemado

a lágrima inesperada y soledad.

Cuando lo incomprensible nos aborda

lloramos como llora la lava 

ardiendo por dentro

ardiendo de ira, ardiendo de rabia, impotencia y frustración. 

Por eso nos cuesta decir adios

porque la pena es tan grande

como el abismo que rechazamos

o el silencio de tus labios, 

más dados a sonreír que a llorar.

Ya pueden venir lamentos,

carruseles de abrazos, procesiones de 

plañideras anunciando esperanza…

Cuando el sol se ponga mañana 

seguirán los mismos enigmas disfrazados de nubes, 

las mismas preguntas en la oscuridad. 

Sólo queda entre tanta bruma

encontrar un sentido al sinsentido,

una brújula negra entre la muchedumbre, 

ese eco que te recuerde 

la ruta que querías andar.