Cretinos

A los cretinos se les reconoce
por su máscara de prepotencia, por su carencia
para identificar la trayectoria de una estrella fugaz
y la insignificancia que representamos.
Enamorados de lo mítico
buscan en la realidad una justificación a lo simbólico,
porque nunca han comprendido la realidad
y nunca se han puesto en el lugar del otro.
Son naturalmente narcisistas,
como si sus heridas existieran
sólo para justificar su odio; y por supuesto mienten
en su arrogancia estúpida
cuando dicen que el mundo
necesita de un padre para perdonar
lo que el amor ha escrito con letras de sangre.

Otros tres poemas cortos

El hogar no son cuatro paredes,
son aquellas personas,
aquellos libros, aquellas melodías
que te hacen sentir que estás en casa.
De lo demás no se encarga la poesía,
se encarga una inmobiliaria.

Los años siempre pasan factura,
más pronto que tarde, por eso,
si no tienes suficiente dinero,
hay que saber con qué sonrisa te hipotecas.
Porque lo puedes pagar toda tu vida.

Los restos de un plato -de palomitas, por ejemplo-
son como la memoria
demasiado exiguos para alimentarse,
pero siempre recordándonos que el hambre
puede convertirnos en pájaros enjaulados,
más preocupados en comer que en volar.

Tres poemas cortos.

La palabra no sirve
si no se cimenta sobre la acción.
Somos las obras que acometemos, por ellas
nos recordará nuestra gente.
El resto es la crónica del olvido,
su polvorienta senda.

El amor -si es sincero- es un juego
donde a todos sus jugadores
no les importa perder.

La música tiene
el poder de volvernos niños:
emociona, remueve, hace vibrar
lo más primario de nosotros, aquello
que la vida ha sepultado bajo la nieve
y que por eso aún late de vez en cuando
con el mismo ritmo que tuvo al nacer.

Fotografías

La realidad nunca es una, siempre
tiene más caras que un poliedro. La soledad,
por ejemplo, duele más cuando es contigo,
cuando nos hablamos como si fuéramos
dos extraños agotados de la vida,
esperando reconocer en el otro
un poco de esa ilusión pérdida,
de esa esperanza que inflamó los cuerpos.
Es una de esas verdades inasibles,
como percibir la agonía de lo cotidiano
y la desconfianza en la rutina;
somos así dos almas conectadas por la distancia
y por un tiempo que ya no les pertenece,
que dejó de ser nuestro cuando el reencuentro
se reveló fugaz
como un recuerdo atrapado en una fotografía.

En voz alta

Leer poesía debería hacerse siempre en voz alta,
es lo que requiere para estar a su altura.
El silencio es para la creación, para la duda,
para una soledad desangelada.
Por contra, un poema leído
es una celebración de lo emocional,
como aquel que exclama al ver un viejo amigo
deberíamos dar constancia de que esas palabras
fueron escritas especialmente para nosotros
cuando no sabíamos ni leer.

Dolor

Cuando el cuerpo duele nos lamemos las heridas como animales sofisticados y es estadísticamente fácil encontrar un remedio que posponga
la muerte. Elegimos vivir, elegimos
seguir sufriendo.

Cuando el alma duele recurrimos al amor, a su dulce consuelo, y si falla,
recurrimos a un amigo, a un terapeuta, a las drogas, a la poesía, lo que sea para sentir que ese dolor tiene un lugar entendible en el mundo. Hasta el punto que en ocasiones esa forma nuestra de padecer se parece tanto a la soledad, que preferimos no entender nada.

Cuando todo duele, los gritos son más sordos, no alcanzan a decir
y por eso, al final, se callan.

Verano

Cuando llega el verano y las terrazas
parecen un escaparate de belleza,
la dulce sandía se vuelve en la boca agua fresca,

nos bañamos en las playas, en los ríos,
en las mismas piscinas donde fuimos niños,
sumergiéndonos en otro tiempo, acelerando
la pausa necesaria para salvarse del incendio del momento y su esclava condena,
y escapamos de las redes del instante,
huyendo del calor y sus anexos, la vida
parece un escenario diseñado para el disfrute,
la ingenua juventud y la despreocupada inocencia.
Por eso, a pesar de todo, marco los días en el calendario
deseando que llegue el otoño y su nostalgia.
Sentirse triste en verano va contra natura
y además
no soporto el calor.

Äktenskap

Hemos montado un mueble de Ikea
juntos, casi sin discutir,
me ha costado un par de oportunos cigarrillos
no hacerlo. Ana necesitaba comentar cada error que cometía.

Son cosas del matrimonio.

Pero es normal -si bien se mira-, porque
siempre me ha costado trabajar en equipo,
y, a veces, incluso trabajar a secas.

Lo cierto es que digiero mal las críticas. Aunque
cuando no llegan
es mucho peor. Solo me puedo enfadar
conmigo mismo.

Solamente

Sólo me parezco a Bukowski
en la devoción al vino,
pero hasta que mi hígado declare lo contrario
seré un aficionado.


Sólo me parezco a Beckett
en ese sentimiento de espera absurda
que me parece la vida,
porque cuando todo llegue a su fin
no habré casi ni comenzado.


Sólo me parezco a Pessoa
en la certeza de que no hay nombre que me contenga
porque dentro de nosotros
-ya lo dijo Saramago-
existe algo que no tiene nombre
y es precisamente lo que somos.


Sólo me parezco a Lorca cuando
celebro la vida como si fuera a acabarse mañana,
porque la noche es oscura y en ella
conocemos a los monstruos
que fuimos durante el día.


Sólo me parezco a Baudelaire al pensar
que todas las flores pueden ser flores del mal
y cuando recuerdo al niño que fui
satisfecho con mis juguetes
frente a otro niño más sucio y con menos suerte,
mirándome con una rata en las manos.


Sólo me parezco a un poeta
cuando olvido a quien me parezco y


borracho, herido y oscuro


celebro la vida como un regalo;
porque cuando digo
que pudo ser mucho peor
me refiero a que pude
no haberte conocido jamás.

Obsesiones

En ocasiones
buscamos un objeto perdido en los mismos cajones
como si el resto de la casa no sirviera de escondite.

En otras
nos contamos la misma historia,
porque la única forma de cerrar la herida
requiere volver a abrirla y probar su sangre

otra vez.