Al Joan Carles

Com broten els fredolics,
-de sobte, sense avisar-
ha arribat el fred en aquesta malaurada nit.
És aquest un plany de bosc i fullaraca,
de matinada, silenci i
llagrimes besant la copa trencada.
Ara que el buit del desampar ha sustituit la rabia
i puc escriure les lletres del teu nom amb anyorança,
entenc la futilitat de la poèsia,
la seva inutilitat i el seu absurd.
Perque cap vers et pot fer justícia, ni cap poema
tindrà el seriós humor que tant t’agradava.
Per això demano que calli el vent, volin els cotxes i s’aturin els ocells, que el cel
es vesteixi de verd i el bosc de blau,
que el vi no taqui les barbes i que tothom tingui un bon pernil quan tingui gana.
Se que demano impossibles, com el desitg de tornar a jugar als escacs amb tú. Però no em vull resignar, Joan Carles.
Abans que l’oblit ompli de silenci els camins
que ja mai tornaran a rebret, donam la revanxa.
Prometo deixar-te guanyar.

Otra cosa.

Después de ese silencio nada hospitalario,
en el que la muerte me escrutó con ojo clínico,
vuelvo al mar a falta de otro asidero,

en busca de otro precipicio.

Estúpida tendencia la mía
la de poner mi vida en juego,

aunque nunca lo suficiente,

como si solo quisiera fallecer un poco… A ratos…
Ahogarme, por ejemplo,
cuando el hastío y la desgana me traen tu recuerdo,
o cuando los sueños se vuelven tan reales que toco tu ausencia.

Hace tiempo que quiero morir, para poder estar vivo,
con un corazón que bata sus olas indiferente
a cualquier sentimiento, a cualquier idea,
que pueda dolerme.

Pero eso no es vida, no es mar,
es roca:
sin sangre, sin memoria, sin claro deseo,
sin oscura esperanza.

Yo soy otra cosa.

Resonancias-2.

Frío que despojas
los brotes hasta desnudar la escarcha…

…Hasta hacerla carne, rumor de hielo,
canto de alambre y otoño,
crudo designio del marinero;
esa vibración infinita
-viva de silencios-
habita en tus dedos, en tu nada,
en la claridad oscura del manantial seco.

Tu pálido misterio alza
un eco que resuena con la luz de las alondras;
como la música que colma el alma y hace crecer
las negrillas entre la hojarasca furiosa.

Una delgada e invisible frontera

En lo oscuro, con los ojos cerrados,
(como antes de nacer), veo,
imagino tus ojos, rasgando las tinieblas.

Para mí se está volviendo algo cotidiano,
como tomarme una copa de vino mientras preparo la comida,
buscarte en la ausencia, rescatarte del silencio…

No sé quién eres. Creo que nunca te conocí.
Solo sé que necesito tu luz
para recomponer aquello que nadie sabe que está roto.

Hablo de mi infierno,
pero también podría hablar perfectamente
del cielo.
Al fin y al cabo, solo los separa una delgada e invisible frontera.

Violencia.

Asistí a esa violencia otra vez…

No era mía,

pero me incendió,

como se incendian los bosques en verano,

por el trasluz de un cristal,

por el último brillo de una colilla…

¿Y qué hacer cuando te entran ganas de matar,
cuando la rabia es más fuerte que un poema o un compromiso,
cuando el aire no entra en los pulmones
ni se abre camino en la jungla de asfalto sino es a cuchillo?

Si os digo la verdad, no lo sé,

por eso me lo pregunto.

Porque cuando no hallo respuestas

escribo.

De Nicanor Parra

No creo en la vía pacífica

no creo en la vía violenta
me gustaría creer
en algo pero no creo
creer es creer en Dios
lo único que yo hago
es encogerme de hombros
perdónenme la franqueza
no creo ni en la Vía Láctea.