El origen.

Lo original nunca es del todo nuevo,
siempre tiene una raíz
que se alimenta del origen,
de su mismo fuego.
Hablo de un germen
del que todos nos hemos nutrido,
como parásitos insaciables
de palabras y verdad.
Por eso leemos, por eso
y por sentirnos menos solos.
Porque aprendimos que entre tanta mentira,
existe un patrón repetido y que en él
se esconden: las huellas del cuento,
todos los nombres, sus vericuetos,
aquello que nos hace humanos
y que nos sobrevivirá
mientras exista alguien predispuesto a escuchar.

La biblioteca

Dijo Susan Sontag
que su biblioteca
era un archivo de anhelos;
como si la palabra escrita
reflejara con fuerza
la fuente inagotable de la existencia.
Tanto es así que

la vida, la verdad o el deseo


se tornan un poco más reales,
cuando los fijamos con palabras y frenamos

por un instante

el flujo constante de su movimiento.

La fragilidad de los engranajes.

Parece que nada importa demasiado
mientras seas productivo.
La gente entenderá que seas
una apisonadora o un colgado,
un cretino o un bobalicón,
siempre que generes riqueza.
Eso sí, si se te rompe el alma,
si persigues un sueño o
el insomnio abraza tus noches,
te dirán loco, te llamarán enfermo,
por no llamarte otras cosas.
La gente -a priori-
no comprende la fragilidad de los engranajes,
porque en el vientre de la máquina
no hay lugar para la disidencia.
Así que produce o muere,
muere produciendo,
entrégate sin fisuras
al devenir de la rueda,
hasta que un día,
ya de viejo, seas sustituido
por una pieza nueva.

La luz.

Sentarse en la misma terraza
no implica ver siempre la misma gente.
Hasta esos tres evangelistas de Jehová
rotan en su misión depende del día.
Cuando me pongo a escribir pasa un poco lo mismo: encontrar
unas pocas palabras que brillen
-entre tanta oscuridad-
requiere asumir
que la luz no contempla sombras,
sólo proyecta la que cada uno tenga,
según el día.

Ilustración: “Plaza” (1913) Giorgio de Chirico

No aprendemos.

“La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto.”
Goethe.

Dos de enero y Trump
ha ordenado asesinar a un general iraní.
La tercera guerra mundial
es tendencia en redes sociales.
Nunca te fíes -le digo a Ana-
de un presidente con peluquín,
son como aquellos niños del colegio
que, para tapar su estupidez,
deseaban ser delegados de clase. Aunque
lo lamentable es que nosotros
siempre elegíamos al más tonto.

Y no aprendemos.

A las futuras generaciones

“Tu verdad no, la verdad.

Ven conmigo a buscarla

La tuya guardatela.”

Antonio Machado.

Siento confirmaros lo que ya imagináis
que nacer es empezar a morir,
mientras duele el mundo
como un disparo en la frente
y las llamas del ocaso
desparraman un mar de sangre
sobre nuestras cabezas de plástico.

Vivir, morir, tal vez soñar
con otras posibilidades, deambulando por los márgenes
en busca de compañía
para creer que no estamos solos.
Ahí reside la esperanza,
la única disidencia posible.

Pueden tumbar los cuerpos y las almas,
pueden socavar las raíces de la voluntad.
Pero si dos personas o tres o cuatro o las que sean
se ponen a trabajar juntas por la verdad… El camino

habrá valido la pena.