Resonancias-2.

Frío que despojas
los brotes hasta desnudar la escarcha…

…Hasta hacerla carne, rumor de hielo,
canto de alambre y otoño,
crudo designio del marinero;
esa vibración infinita
-viva de silencios-
habita en tus dedos, en tu nada,
en la claridad oscura del manantial seco.

Tu pálido misterio alza
un eco que resuena con la luz de las alondras;
como la música que colma el alma y hace crecer
las negrillas entre la hojarasca furiosa.

Una delgada e invisible frontera

En lo oscuro, con los ojos cerrados,
(como antes de nacer), veo,
imagino tus ojos, rasgando las tinieblas.

Para mí se está volviendo algo cotidiano,
como tomarme una copa de vino mientras preparo la comida,
buscarte en la ausencia, rescatarte del silencio…

No sé quién eres. Creo que nunca te conocí.
Solo sé que necesito tu luz
para recomponer aquello que nadie sabe que está roto.

Hablo de mi infierno,
pero también podría hablar perfectamente
del cielo.
Al fin y al cabo, solo los separa una delgada e invisible frontera.

Violencia.

Asistí a esa violencia otra vez…

No era mía,

pero me incendió,

como se incendian los bosques en verano,

por el trasluz de un cristal,

por el último brillo de una colilla…

¿Y qué hacer cuando te entran ganas de matar,
cuando la rabia es más fuerte que un poema o un compromiso,
cuando el aire no entra en los pulmones
ni se abre camino en la jungla de asfalto sino es a cuchillo?

Si os digo la verdad, no lo sé,

por eso me lo pregunto.

Porque cuando no hallo respuestas

escribo.