Escena.

La puerta entreabierta y el cigarrillo
expirando un último aliento gris en el                 cenicero,
la lamparita azul proyecta sombras inquietas,
lúgubres deformaciones de mi soledad.
Hasta la caniche se ha rendido a su        pelota
y se ha dormido. Esta es una noche
para soñar con lo insondable y su misterio,
para morir un poco por dentro
al no ser grito, ni vendaval que quiebre
esta mordaza de cristal. Veo que una araña
teje en la esquina del techo su trama…
¡Lo que me faltaba! Alguien tendrá que matarla
y tú no estás.

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