Los sauces.

Ese vacío

tan lleno de ira contenida,

anuda mis palabras

a un mástil invisible.

La lluvia, el rumor callado de mi sangre,

todas las palabras de amor

que simplemente olvidé,

habitan esta página desnuda

como una nube desangelada

o ese eco sordo

que me repite cada noche tu nombre.

Es una verdad simple

-si lo pienso-

la que se viste de saudade:

todos los sauces bajo los que nos besamos

han dejado de llorar por ti.

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