Desde mi ventana

Hay algo hermoso en estos tejados,
como pájaros dormidos
o flechas apuntando las nubes
señalan la hora inmóviles y
detienen el tiempo
con sus manos orantes.
Protegen la vida y las costumbres,
envuelven lo cotidiano
con las ropas de la intimidad.
Pero lo mejor es que sobre ellos
los líquenes tintan de ocre
las viejas tejas. Hasta en esa arcilla
machacada, cocida, moldeada,
el tiempo le da un respiro a la vida,
como si la guerra no fuera con él.

Los sauces.

Ese vacío

tan lleno de ira contenida,

anuda mis palabras

a un mástil invisible.

La lluvia, el rumor callado de mi sangre,

todas las palabras de amor

que simplemente olvidé,

habitan esta página desnuda

como una nube desangelada

o ese eco sordo

que me repite cada noche tu nombre.

Es una verdad simple

-si lo pienso-

la que se viste de saudade:

todos los sauces bajo los que nos besamos

han dejado de llorar por ti.

Blade Runner

Esta mañana de espejos negros,

de silencio y soledad,

sabe a hielo en la memoria,

a parálisis en el quicio de la puerta

y al lánguido rumor de la melancolía.

Las ramas desnudas

no florecen con el frío,

pero el gato hambriento

prefiere ignorar estas sutilezas.

Le miro, me mira

y pienso que

si fuera un replicante vería

que, a pesar de todo,

sigue habiendo mucha lluvia

en el corazón de esta flor tardía.