Ojos en ceniza

Pensar en la muerte, desear
aplicarse de una vez su bálsamo definitivo,
tomarse la medicación de ese insensible psiquiatra,
apagar las mañanas que despiertas
más muerto que vivo, ajeno a la luchas diarias,
derrotado antes de abrir los ojos en ceniza;
quemar los libros, que arda todo
en la fiebre del adiós, y marcharse
sin despedida, ni explicaciones,
solo
con una sonrisa y el ceño tranquilo
como quien emprende un viaje anunciado
y demasiado tiempo pospuesto.
Un último viaje allá donde sople el viento
y el polvo se esparza en blanca nube,
allí donde imaginar en el silencio
la forma de un último suspiro.


Mensaje en la botella.

Escribir este poema
es arrojar un mensaje al mar.
Ojalá un día
lo lleve hasta ti.
Puede parecer una caprichosa ilusión
esperar que este nosotros, tan herido,
no se hunda con las tormentas, ni se desvanezca
en la oscuridad de los abismos, pero
si no pudiera soñar                        con volver realidad
aquello que solo vive en mi deseo
las olas no me traerían tu nombre y escribir
no tendría ningún sentido.

Prisiones.

Como Altolaguirre
agrandaré mis prisiones
al no poder ser libre,
daré alas a mis manos
para que alcen el vuelo en tu cuerpo,
pondré palabras a los sueños
y abriré grietas en el silencio
donde germine el presente.
La soledad entonces
                     no será más isla,
la soledad                        entonces
solo será la sombra de un pasado
en la que encontrarme contigo.

Las piedras en el río.

Estirar del hilo de una idea
con la legitimidad del herido y
la voluntad del rencor, es fácil;
como arrojar piedras sobre un charco,
ajeno al estallido y a sus ondas.
Las heridas marcan nuestra vida y también

se heredan

entonces esos charcos
no curan, ni cicatrizan,
solo remueven el barro de otro


aunque lo amáramos sobre todas las cosas,
aunque lo amáramos,
aunque fuera quien nos enseñara
a tirar piedras sobre los charcos,


aunque fuera…

Cinco poemas cortos.

Lo poético
no existe
pero es
está
se muestra y
se percibe
como la música
en una vibración
que resuena
más allá de toda duda.

Muchos hombres
soñaban con ser futbolistas, pero
luego acaban como la mayoría
pateando el mundo
y cantando los goles de otro.

Los clásicos no se cancelan,
se contextualizan o se censuran;
negar la realidad del pasado
es rechazar la evolución de la sociedad
como sueño íntimo y esperanza última
de aquellos que crean para huir del horror.

Cuando la voz en tu cabeza suena tan fuerte
que te empaña hasta la mirada
escúchala hasta que se canse
y si no se cansa
enfrentala con sus mismos argumentos.
Frente a cierta paranoia
lo más sano es desconfiar de uno mismo.

Mi pueblo ya tiene
más baristas chinos que españoles
y la verdad
no noto la diferencia
el que es limpio es limpio,
el que es simpático te hace sonreír,
y el que te conoce bien
te recuerda
a veces
mejor que tú mismo.

Otros tres poemas cortos

El hogar no son cuatro paredes,
son aquellas personas,
aquellos libros, aquellas melodías
que te hacen sentir que estás en casa.
De lo demás no se encarga la poesía,
se encarga una inmobiliaria.

Los años siempre pasan factura,
más pronto que tarde, por eso,
si no tienes suficiente dinero,
hay que saber con qué sonrisa te hipotecas.
Porque lo puedes pagar toda tu vida.

Los restos de un plato -de palomitas, por ejemplo-
son como la memoria
demasiado exiguos para alimentarse,
pero siempre recordándonos que el hambre
puede convertirnos en pájaros enjaulados,
más preocupados en comer que en volar.

Dolor

Cuando el cuerpo duele nos lamemos las heridas como animales sofisticados y es estadísticamente fácil encontrar un remedio que posponga
la muerte. Elegimos vivir, elegimos
seguir sufriendo.

Cuando el alma duele recurrimos al amor, a su dulce consuelo, y si falla,
recurrimos a un amigo, a un terapeuta, a las drogas, a la poesía, lo que sea para sentir que ese dolor tiene un lugar entendible en el mundo. Hasta el punto que en ocasiones esa forma nuestra de padecer se parece tanto a la soledad, que preferimos no entender nada.

Cuando todo duele, los gritos son más sordos, no alcanzan a decir
y por eso, al final, se callan.

Solamente

Sólo me parezco a Bukowski
en la devoción al vino,
pero hasta que mi hígado declare lo contrario
seré un aficionado.


Sólo me parezco a Beckett
en ese sentimiento de espera absurda
que me parece la vida,
porque cuando todo llegue a su fin
no habré casi ni comenzado.


Sólo me parezco a Pessoa
en la certeza de que no hay nombre que me contenga
porque dentro de nosotros
-ya lo dijo Saramago-
existe algo que no tiene nombre
y es precisamente lo que somos.


Sólo me parezco a Lorca cuando
celebro la vida como si fuera a acabarse mañana,
porque la noche es oscura y en ella
conocemos a los monstruos
que fuimos durante el día.


Sólo me parezco a Baudelaire al pensar
que todas las flores pueden ser flores del mal
y cuando recuerdo al niño que fui
satisfecho con mis juguetes
frente a otro niño más sucio y con menos suerte,
mirándome con una rata en las manos.


Sólo me parezco a un poeta
cuando olvido a quien me parezco y


borracho, herido y oscuro


celebro la vida como un regalo;
porque cuando digo
que pudo ser mucho peor
me refiero a que pude
no haberte conocido jamás.

Obsesiones

En ocasiones
buscamos un objeto perdido en los mismos cajones
como si el resto de la casa no sirviera de escondite.

En otras
nos contamos la misma historia,
porque la única forma de cerrar la herida
requiere volver a abrirla y probar su sangre

otra vez.