El humo y la vida.

Empecé a fumar con 14 años por rebeldía,
por afán de libertad,
porque fumar era propio de héroes,
-aún pensaba que el cine
era un buen reflejo de la realidad-
bendita inocencia.
Desde entonces he buscado
miles de maneras de ser libre y

al final

todas han resultado humo.

Cada decisión me ha atado más a la vida,
ha marcado un momento y un lugar,
definiéndome por lo precario de mis posesiones,
porque en realidad
mi única preocupación siempre fue
con quién compartir el próximo cigarro… Cuando soy yo

el que debería de dejar de fumar.

Ciudad de muertos.

Si de verdad amas a Euridice
Vete al infierno
Y no vuelvas.

Ángel González

No hay victoria posible,
sólo barbarie. Tampoco conquistas, salvo alguna calculada concesión.

La derrota es por tanto

total y absoluta.

No nos queda otra que renunciar a las grandes trincheras
por esas humildes luchas
entre las sombras condenadas
de esta ciudad de muertos.

Asumámoslo

por la verdad y la justicia.

Si realmente amas el mundo
baja conmigo al infierno

aún estamos a tiempo de rescatar

a aquellos de los que nadie se acuerda.

Tristes días

Hoy es uno de esos días tristes,
tristes, tristes.
En los que mi cuerpo cansado
escribe estos versos
como renuncia a la vida.
Es demasiado el dolor, demasiada la tristeza,
para intentar otra pirueta desesperada…
Mientras mis párpados desean que se cierre el telón,
mi corazón se aferra
a lo que puede y llora triste,
triste, triste, sobre el papel.

Llora con palabras

lo que mi boca silencia.

El café de las mañanas

Me gusta tomar café por las mañanas en esta plaza,
mirar a la gente, leer un poco, intentar escribir…
Son formas de huída cercana,
como sumergirme en una piscina de bolas buscando mi niñez,
o soñar que soy otro,
solo por imaginar qué le gustaría más: Benedetti o Baudelaire,
El truco está en jugar a que no te ven,
sólo así puedes mirar con el atrevimiento desesperado de una estatua viviente. Y
con un poco de fortuna
el mundo te regala una mirada, una sonrisa,
un recuerdo en forma de presente,
que atesoro… Y es que a mi edad
la memoria
es un baluarte oculto,
un jardín umbrío donde todo,
hasta el olvido, responde a un porqué.

La huída

A William Faulkner

Todo estaba a oscuras. Encendí la linterna un instante y su luz sacudió las penumbras. Sólo era una pequeña proyección que no servía para iluminar el andén, aunque me ayudara a entender la inmensa dimensión de sus sombras.
Podía seguir en aquella dirección o volver sobre mis pasos, pero el miedo no me dejaba pensar con claridad. Los dilemas de lo real no se limitan a cerrar un libro.
Cuando la muerte te persigue, nadie busca un punto y final por si a éste le precede tu nombre.
Calculé los riesgos. Lo menos arriesgado era seguir adelante y ser engullido por aquella tenebrosa confusión. Así que apagué el móvil y poco a poco el eco de mis pasos
se perdieron en el silencio como si nunca hubiera estado ahí.

Ana (una parte de todo)

Ana
siempre me hace reír.

Es su superpoder y su responsabilidad.

Para ella

darle la vuelta al mundo, pensar

que la actualidad es un cuadro y la verdad un cuento
que solo entendemos de niños es

una forma de volar, de salvarnos del naufragio.

Sé que puede parecer
una frívola deformación, una pobre comedia en sesión continúa,
pero lo cierto es que

en ocasiones,

le puede el desánimo y se sepulta en la cama,

arañando sus cicatrices,

llorando como lloran

las más bellas flores suicidas.

Es entonces,

cuando tengo que enfrentar la borrasca,

armarme de cielos

y desarmar los fantasmas

Porque su risa

es un manantial que debe preservarse

de la tóxica contaminación de la existencia.

Solo así

tal vez

le devuelva

una parte de todo lo que me ha regalado.

Plaza 11 de septiembre

La libertad es una librería

Joan Margarit

El sol de noviembre revela
unas gotas de lluvia secas en el toldo sucio.

A este lado

unos aforismos de K. y otro café.
Al otro, el cielo está azul y las parejas pasean sus carritos de bebé
o pasean su amor, simplemente…

Sutil primavera la de este otoño
que hasta la gente triste parece amarse.

Llegué aquí preguntándome por la libertad, ahora que no la busco en las librerías,
pero mi mirada

recorre una y otra vez
-no sin cierta nostalgia-

los restos de una ilusión,
como unas manchas en el plástico
que no recuerdan que fueron nube.