Te echo de menos.

Quería decirte que te echo de menos,
pero ya lo sabes, siempre
notas mi tristeza cuando te vas
como si te soltaras de mi mano por accidente.
Pensar en ti, entonces, soñarte,
alivia las horas de prórroga,
da un poco de aire
        a mis asfixias cotidianas, desarma
los fantasmas de la soledad.

No es que no disfrute
de estar conmigo mismo, no es eso;
es solo que la vida
a tu lado                   respira con risas
y avanza paso a paso. Esa -y no otra-
es nuestra verdadera victoria a la muerte…

Lo demás es esperar.

Las piedras en el río.

Estirar del hilo de una idea
con la legitimidad del herido y
la voluntad del rencor, es fácil;
como arrojar piedras sobre un charco,
ajeno al estallido y a sus ondas.
Las heridas marcan nuestra vida y también

se heredan

entonces esos charcos
no curan, ni cicatrizan,
solo remueven el barro de otro


aunque lo amáramos sobre todas las cosas,
aunque lo amáramos,
aunque fuera quien nos enseñara
a tirar piedras sobre los charcos,


aunque fuera…

Escribir como.

Escribir como se habla
que el lenguaje sea altavoz de
las calles que tanto amo,
de sus gentes y sus verdades,
de su vida plena y también
de su absurdo vacío,
la soledad de sus fronteras
y ese dolor                     innombrable
que supura en las heridas.
Escribir para que sientan
mis manos a su lado, ahora que
el mundo parece una distopía
donde los gritos
ahogan de silencio a la razón.

Pokémon, hazte con todos.

Hemos quedado
unos pocos
para cazar un Pokémon,
hay que luchar contra él
con la fuerza de un enjambre,
como si fuera
un mamut de la prehistoria,
como si fuera Moby Dick.
Solo que quedamos
con el espíritu de ese coleccionista
que busca una foto
con la que presumir
a sus amigos.
No hay épica, ni falta que hace.
Es una lucha
donde lo único cierto
son las ganas de vencer. Es
el único motivo
por el que quedamos esos pocos,
porque por separado
las cicatrices de la derrota serían nuestro único trofeo.
Y no dejo de pensar,
como si en cada bola que lanzo
hubiera algo de mí, de mi resignación,
que si las personas
no se unen para luchar
por un bien mayor que ellos,
es porque no soportan pensar
que haya algo
que sea mas grande que su ego,
tan enorme
y tan pequeño,
como una imagen
sobreimpresa en la realidad.

Cretinos

A los cretinos se les reconoce
por su máscara de prepotencia, por su carencia
para identificar la trayectoria de una estrella fugaz
y la insignificancia que representamos.
Enamorados de lo mítico
buscan en la realidad una justificación a lo simbólico,
porque nunca han comprendido la realidad
y nunca se han puesto en el lugar del otro.
Son naturalmente narcisistas,
como si sus heridas existieran
sólo para justificar su odio; y por supuesto mienten
en su arrogancia estúpida
cuando dicen que el mundo
necesita de un padre para perdonar
lo que el amor ha escrito con letras de sangre.

Tres poemas cortos.

La palabra no sirve
si no se cimenta sobre la acción.
Somos las obras que acometemos, por ellas
nos recordará nuestra gente.
El resto es la crónica del olvido,
su polvorienta senda.

El amor -si es sincero- es un juego
donde a todos sus jugadores
no les importa perder.

La música tiene
el poder de volvernos niños:
emociona, remueve, hace vibrar
lo más primario de nosotros, aquello
que la vida ha sepultado bajo la nieve
y que por eso aún late de vez en cuando
con el mismo ritmo que tuvo al nacer.

Fotografías

La realidad nunca es una, siempre
tiene más caras que un poliedro. La soledad,
por ejemplo, duele más cuando es contigo,
cuando nos hablamos como si fuéramos
dos extraños agotados de la vida,
esperando reconocer en el otro
un poco de esa ilusión pérdida,
de esa esperanza que inflamó los cuerpos.
Es una de esas verdades inasibles,
como percibir la agonía de lo cotidiano
y la desconfianza en la rutina;
somos así dos almas conectadas por la distancia
y por un tiempo que ya no les pertenece,
que dejó de ser nuestro cuando el reencuentro
se reveló fugaz
como un recuerdo atrapado en una fotografía.

Dolor

Cuando el cuerpo duele nos lamemos las heridas como animales sofisticados y es estadísticamente fácil encontrar un remedio que posponga
la muerte. Elegimos vivir, elegimos
seguir sufriendo.

Cuando el alma duele recurrimos al amor, a su dulce consuelo, y si falla,
recurrimos a un amigo, a un terapeuta, a las drogas, a la poesía, lo que sea para sentir que ese dolor tiene un lugar entendible en el mundo. Hasta el punto que en ocasiones esa forma nuestra de padecer se parece tanto a la soledad, que preferimos no entender nada.

Cuando todo duele, los gritos son más sordos, no alcanzan a decir
y por eso, al final, se callan.

Äktenskap

Hemos montado un mueble de Ikea
juntos, casi sin discutir,
me ha costado un par de oportunos cigarrillos
no hacerlo. Ana necesitaba comentar cada error que cometía.

Son cosas del matrimonio.

Pero es normal -si bien se mira-, porque
siempre me ha costado trabajar en equipo,
y, a veces, incluso trabajar a secas.

Lo cierto es que digiero mal las críticas. Aunque
cuando no llegan
es mucho peor. Solo me puedo enfadar
conmigo mismo.