
Supe que era amor
porque pasados los años
todo ocupaba su lugar correspondiente:
el té, los libros, tus manos, las calles,
las palabras y los silencios…
De repente,
como la primavera amanece en los cerezos,
el universo se movió a ritmo de Bach
o con una rumba de Los delincuentes,
como si tú atmósfera diera aire a un mundo
ahogado en su propio abismo.
Supe que era amor,
porque todo lo aprendido
en las aulas, en los libros y en las gentes
era insuficiente para explicar
la profundidad de tu melodía.
Y aquí sigo,
vencido el lenguaje para siempre,
dejando que hablen los cuerpos
lo que sabes que sé.
Ellos no mienten.
muy bueno
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