La textura del cuervo. 

​Esa tristeza que sangra en la aurora

traza un mapa de dolor y silencio,
una guía repleta de miradas perdidas,
de cigarros apagados y versos
ahogados en tazas de café. Hablo de una tristeza
atmosférica, capaz de extenderse
como un hálito de desesperación,
sustituyendo la música de tus ojos
por un réquiem oscuro y el brillo dulce de tus labios
por la áspera sensación que trae consigo el olvido.
Son tristezas que vuelan con los cuervos
arrancando de las miradas todo fulgor,
todo atisbo de vida y esperanza.
Igual que una noche lúgubre
aquella en la que los fantasmas visten con plumas negras los espejos,
hayo tu grito herido, tu sombra en sombra,
tus cicatrices abiertas como tumbas vacías.
Así, tras este hallazgo espantoso,
puedo morir, para poder despertar.