La puerta entreabierta y el cigarrillo
expirando un último aliento gris en el cenicero,
la lamparita azul proyecta sombras inquietas,
lúgubres deformaciones de mi soledad.
Hasta la caniche se ha rendido a su pelota
y se ha dormido. Esta es una noche
para soñar con lo insondable y su misterio,
para morir un poco por dentro
al no ser grito, ni vendaval que quiebre
esta mordaza de cristal. Veo que una araña
teje en la esquina del techo su trama…
¡Lo que me faltaba! Alguien tendrá que matarla
y tú no estás.
literatura
Respuesta a A.P.R.
Las heridas solo se reabren
porque nunca han estado del todo cerradas,
podía parecer que el tiempo y el silencio
habían curado los tejidos, pero los años
solo cubrieron de polvo lo inefable,
como un libro
oscuro
relegado
a los estantes del olvido.
Señalar
así su situación
es cosa de médicos o historiadores,
mas, en cualquier caso, se trata
de un ejercicio quirúrgico de memoria.
Dar un lugar a lo innombrable
resulta un descanso para la vida,
porque los muertos
no tienen heridas. A decir verdad,
no tienen nada.
Te echo de menos.
Quería decirte que te echo de menos,
pero ya lo sabes, siempre
notas mi tristeza cuando te vas
como si te soltaras de mi mano por accidente.
Pensar en ti, entonces, soñarte,
alivia las horas de prórroga,
da un poco de aire
a mis asfixias cotidianas, desarma
los fantasmas de la soledad.
No es que no disfrute
de estar conmigo mismo, no es eso;
es solo que la vida
a tu lado respira con risas
y avanza paso a paso. Esa -y no otra-
es nuestra verdadera victoria a la muerte…
Lo demás es esperar.
Ojos en ceniza
Pensar en la muerte, desear
aplicarse de una vez su bálsamo definitivo,
tomarse la medicación de ese insensible psiquiatra,
apagar las mañanas que despiertas
más muerto que vivo, ajeno a la luchas diarias,
derrotado antes de abrir los ojos en ceniza;
quemar los libros, que arda todo
en la fiebre del adiós, y marcharse
sin despedida, ni explicaciones,
solo
con una sonrisa y el ceño tranquilo
como quien emprende un viaje anunciado
y demasiado tiempo pospuesto.
Un último viaje allá donde sople el viento
y el polvo se esparza en blanca nube,
allí donde imaginar en el silencio
la forma de un último suspiro.
Mensaje en la botella.
Escribir este poema
es arrojar un mensaje al mar.
Ojalá un día
lo lleve hasta ti.
Puede parecer una caprichosa ilusión
esperar que este nosotros, tan herido,
no se hunda con las tormentas, ni se desvanezca
en la oscuridad de los abismos, pero
si no pudiera soñar con volver realidad
aquello que solo vive en mi deseo
las olas no me traerían tu nombre y escribir
no tendría ningún sentido.
Prisiones.
Como Altolaguirre
agrandaré mis prisiones
al no poder ser libre,
daré alas a mis manos
para que alcen el vuelo en tu cuerpo,
pondré palabras a los sueños
y abriré grietas en el silencio
donde germine el presente.
La soledad entonces
no será más isla,
la soledad entonces
solo será la sombra de un pasado
en la que encontrarme contigo.
Las piedras en el río.
Estirar del hilo de una idea
con la legitimidad del herido y
la voluntad del rencor, es fácil;
como arrojar piedras sobre un charco,
ajeno al estallido y a sus ondas.
Las heridas marcan nuestra vida y también
se heredan
entonces esos charcos
no curan, ni cicatrizan,
solo remueven el barro de otro
aunque lo amáramos sobre todas las cosas,
aunque lo amáramos,
aunque fuera quien nos enseñara
a tirar piedras sobre los charcos,
aunque fuera…
Ésta me la sé.
Al cambiar de cafetería
puedes descubrir una mirada nueva
fija en el crucigrama
o habitada por un abismo.
En cualquier caso
dan ganas de ir hacia ellos y decirles:
<<ésta me la sé,
con siete letras
soledad>>.
Cinco poemas cortos.
Lo poético
no existe
pero es
está
se muestra y
se percibe
como la música
en una vibración
que resuena
más allá de toda duda.
Muchos hombres
soñaban con ser futbolistas, pero
luego acaban como la mayoría
pateando el mundo
y cantando los goles de otro.
Los clásicos no se cancelan,
se contextualizan o se censuran;
negar la realidad del pasado
es rechazar la evolución de la sociedad
como sueño íntimo y esperanza última
de aquellos que crean para huir del horror.
Cuando la voz en tu cabeza suena tan fuerte
que te empaña hasta la mirada
escúchala hasta que se canse
y si no se cansa
enfrentala con sus mismos argumentos.
Frente a cierta paranoia
lo más sano es desconfiar de uno mismo.
Mi pueblo ya tiene
más baristas chinos que españoles
y la verdad
no noto la diferencia
el que es limpio es limpio,
el que es simpático te hace sonreír,
y el que te conoce bien
te recuerda
a veces
mejor que tú mismo.
Otros tres poemas cortos
El hogar no son cuatro paredes,
son aquellas personas,
aquellos libros, aquellas melodías
que te hacen sentir que estás en casa.
De lo demás no se encarga la poesía,
se encarga una inmobiliaria.
Los años siempre pasan factura,
más pronto que tarde, por eso,
si no tienes suficiente dinero,
hay que saber con qué sonrisa te hipotecas.
Porque lo puedes pagar toda tu vida.
Los restos de un plato -de palomitas, por ejemplo-
son como la memoria
demasiado exiguos para alimentarse,
pero siempre recordándonos que el hambre
puede convertirnos en pájaros enjaulados,
más preocupados en comer que en volar.
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