Se lee en el cartel:
«si no te ven no existes»
y te parece tan triste,
como si nadie -o casi nadie-
supiera realmente como te sientes:
¿frágil?, ¿pequeña?,
¿ovillada en tu rincón?;
también piensas
que apenas uno o dos
conocen el volumen de tu vacío,
y tal vez sean menos
los que sepan navegar sin perderse
en los límites de tus silencios. Por eso
me miras con un mohín de lamento
y veo a una niña aterrada
que no comprende el mundo ni quiere.
Ni siquiera desea que el miedo
cambie de bando. Solo quiere que pase
como pasan los días,
sin preguntar.
ensayo
Tú y yo.
Para mí es tan sencillo y complejo como soñar,
esa poesía que somos sin darnos cuenta,
que hacemos sin darnos cuenta,
con gestos pequeños, como
ayudar al prójimo
o decir la verdad sin herir;
aún así qué difícil es vestir con palabras
tanta ceguera, tanta desnudez.
Mientras tú
lastimas tu cuerpo en una cadena de montaje
y te preguntas si sueñan
los coches autónomos con viajar
donde ningún humano ha llegado,
por si te irías con él.
De niño.
De niño yo quería
hacer lo que hacen los mayores,
soñaba con la aventura de decidir,
con la libertad de actuar… Mi madre
desde el conocimiento que le daba su experiencia
un día me dijo: hazlo
y la hostia
fue proporcional a mí ignorancia.
Desde entonces he cosechado
tantos errores como aciertos
he fantaseado con volver a ser niño
para no tener responsabilidades que temer,
he aprendido a dudar y a estar cerca
de personas suficientemente locas
para cantar la verdad.
Pero ahora sé
que nada de eso me obligó a nada,
es trabajo de cada uno aprender
como correr sobre el hielo sin caerte.
Te echo de menos.
Quería decirte que te echo de menos,
pero ya lo sabes, siempre
notas mi tristeza cuando te vas
como si te soltaras de mi mano por accidente.
Pensar en ti, entonces, soñarte,
alivia las horas de prórroga,
da un poco de aire
a mis asfixias cotidianas, desarma
los fantasmas de la soledad.
No es que no disfrute
de estar conmigo mismo, no es eso;
es solo que la vida
a tu lado respira con risas
y avanza paso a paso. Esa -y no otra-
es nuestra verdadera victoria a la muerte…
Lo demás es esperar.
Esta tristeza.
Esta tristeza de platos sucios
y casa deshabitada, ese silencio de niebla,
la taza vacía, no queda café.
Las páginas de este libro
me hacen llorar a gritos y el perro
me mira
y se vuelve a dormir.
Esta angustia que no sabe leer entre líneas
es literal como un puñetazo en el ojo
o romper un espejo,
la forma más simple de diseccionar mi mirada.
El reloj insiste como un pájaro carpintero
en agujerear mi cabeza y maldigo
que el día, ese largo laberinto,
tenga que empezar así.
Prisiones.
Como Altolaguirre
agrandaré mis prisiones
al no poder ser libre,
daré alas a mis manos
para que alcen el vuelo en tu cuerpo,
pondré palabras a los sueños
y abriré grietas en el silencio
donde germine el presente.
La soledad entonces
no será más isla,
la soledad entonces
solo será la sombra de un pasado
en la que encontrarme contigo.
Las piedras en el río.
Estirar del hilo de una idea
con la legitimidad del herido y
la voluntad del rencor, es fácil;
como arrojar piedras sobre un charco,
ajeno al estallido y a sus ondas.
Las heridas marcan nuestra vida y también
se heredan
entonces esos charcos
no curan, ni cicatrizan,
solo remueven el barro de otro
aunque lo amáramos sobre todas las cosas,
aunque lo amáramos,
aunque fuera quien nos enseñara
a tirar piedras sobre los charcos,
aunque fuera…
Ésta me la sé.
Al cambiar de cafetería
puedes descubrir una mirada nueva
fija en el crucigrama
o habitada por un abismo.
En cualquier caso
dan ganas de ir hacia ellos y decirles:
<<ésta me la sé,
con siete letras
soledad>>.
Dos poemas cortos.
Esas gotas de lluvia
que penden del tendedero
como equilibristas de la naturaleza…
Caídas de la nube,
se aferran a lo que pueden
para resistir.
Toda urdimbre necesita una trama,
una historia que haga del tiempo vida
y de la vida un conjunto de palabras
que podamos compartir.
Cinco poemas cortos.
Lo poético
no existe
pero es
está
se muestra y
se percibe
como la música
en una vibración
que resuena
más allá de toda duda.
Muchos hombres
soñaban con ser futbolistas, pero
luego acaban como la mayoría
pateando el mundo
y cantando los goles de otro.
Los clásicos no se cancelan,
se contextualizan o se censuran;
negar la realidad del pasado
es rechazar la evolución de la sociedad
como sueño íntimo y esperanza última
de aquellos que crean para huir del horror.
Cuando la voz en tu cabeza suena tan fuerte
que te empaña hasta la mirada
escúchala hasta que se canse
y si no se cansa
enfrentala con sus mismos argumentos.
Frente a cierta paranoia
lo más sano es desconfiar de uno mismo.
Mi pueblo ya tiene
más baristas chinos que españoles
y la verdad
no noto la diferencia
el que es limpio es limpio,
el que es simpático te hace sonreír,
y el que te conoce bien
te recuerda
a veces
mejor que tú mismo.
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