Las piedras en el río.

Estirar del hilo de una idea
con la legitimidad del herido y
la voluntad del rencor, es fácil;
como arrojar piedras sobre un charco,
ajeno al estallido y a sus ondas.
Las heridas marcan nuestra vida y también

se heredan

entonces esos charcos
no curan, ni cicatrizan,
solo remueven el barro de otro


aunque lo amáramos sobre todas las cosas,
aunque lo amáramos,
aunque fuera quien nos enseñara
a tirar piedras sobre los charcos,


aunque fuera…

Escribir como.

Escribir como se habla
que el lenguaje sea altavoz de
las calles que tanto amo,
de sus gentes y sus verdades,
de su vida plena y también
de su absurdo vacío,
la soledad de sus fronteras
y ese dolor                     innombrable
que supura en las heridas.
Escribir para que sientan
mis manos a su lado, ahora que
el mundo parece una distopía
donde los gritos
ahogan de silencio a la razón.

Llueve.

Llueve
y me siento
desnudo
ante:
las calles
vacias,
sus árboles
quietos,
las palabras
goteando y
esa calma
bendita
de agosto.

Lo inesperado
nunca
trae paraguas consigo.

A lo sumo
una maldición o
un recuerdo
de otras tardes
donde la desnudez
se inundó de ti.

Pokémon, hazte con todos.

Hemos quedado
unos pocos
para cazar un Pokémon,
hay que luchar contra él
con la fuerza de un enjambre,
como si fuera
un mamut de la prehistoria,
como si fuera Moby Dick.
Solo que quedamos
con el espíritu de ese coleccionista
que busca una foto
con la que presumir
a sus amigos.
No hay épica, ni falta que hace.
Es una lucha
donde lo único cierto
son las ganas de vencer. Es
el único motivo
por el que quedamos esos pocos,
porque por separado
las cicatrices de la derrota serían nuestro único trofeo.
Y no dejo de pensar,
como si en cada bola que lanzo
hubiera algo de mí, de mi resignación,
que si las personas
no se unen para luchar
por un bien mayor que ellos,
es porque no soportan pensar
que haya algo
que sea mas grande que su ego,
tan enorme
y tan pequeño,
como una imagen
sobreimpresa en la realidad.

Cinco poemas cortos.

Lo poético
no existe
pero es
está
se muestra y
se percibe
como la música
en una vibración
que resuena
más allá de toda duda.

Muchos hombres
soñaban con ser futbolistas, pero
luego acaban como la mayoría
pateando el mundo
y cantando los goles de otro.

Los clásicos no se cancelan,
se contextualizan o se censuran;
negar la realidad del pasado
es rechazar la evolución de la sociedad
como sueño íntimo y esperanza última
de aquellos que crean para huir del horror.

Cuando la voz en tu cabeza suena tan fuerte
que te empaña hasta la mirada
escúchala hasta que se canse
y si no se cansa
enfrentala con sus mismos argumentos.
Frente a cierta paranoia
lo más sano es desconfiar de uno mismo.

Mi pueblo ya tiene
más baristas chinos que españoles
y la verdad
no noto la diferencia
el que es limpio es limpio,
el que es simpático te hace sonreír,
y el que te conoce bien
te recuerda
a veces
mejor que tú mismo.

Cretinos

A los cretinos se les reconoce
por su máscara de prepotencia, por su carencia
para identificar la trayectoria de una estrella fugaz
y la insignificancia que representamos.
Enamorados de lo mítico
buscan en la realidad una justificación a lo simbólico,
porque nunca han comprendido la realidad
y nunca se han puesto en el lugar del otro.
Son naturalmente narcisistas,
como si sus heridas existieran
sólo para justificar su odio; y por supuesto mienten
en su arrogancia estúpida
cuando dicen que el mundo
necesita de un padre para perdonar
lo que el amor ha escrito con letras de sangre.

Otros tres poemas cortos

El hogar no son cuatro paredes,
son aquellas personas,
aquellos libros, aquellas melodías
que te hacen sentir que estás en casa.
De lo demás no se encarga la poesía,
se encarga una inmobiliaria.

Los años siempre pasan factura,
más pronto que tarde, por eso,
si no tienes suficiente dinero,
hay que saber con qué sonrisa te hipotecas.
Porque lo puedes pagar toda tu vida.

Los restos de un plato -de palomitas, por ejemplo-
son como la memoria
demasiado exiguos para alimentarse,
pero siempre recordándonos que el hambre
puede convertirnos en pájaros enjaulados,
más preocupados en comer que en volar.

Tres poemas cortos.

La palabra no sirve
si no se cimenta sobre la acción.
Somos las obras que acometemos, por ellas
nos recordará nuestra gente.
El resto es la crónica del olvido,
su polvorienta senda.

El amor -si es sincero- es un juego
donde a todos sus jugadores
no les importa perder.

La música tiene
el poder de volvernos niños:
emociona, remueve, hace vibrar
lo más primario de nosotros, aquello
que la vida ha sepultado bajo la nieve
y que por eso aún late de vez en cuando
con el mismo ritmo que tuvo al nacer.