Y sin embargo

Nunca te tuve entre mis brazos

y

sin embargo

te pienso.

En esta noche, cuando las campanas tañen a lo lejos,
siento la necesidad de ser honesto,
-aunque sea conmigo, porque serlo contigo implicaría hacerte real-.

Ignoro si eres una fantasía o si la vida
juega con nosotros al gato y al ratón.
Mi mente es tan huidiza a veces, tan confusos mis espejos…

No te conozco, la verdad (y es una pena),
para mí eres como la estela de una estrella fugaz,

un horizonte inalcanzable,

algo que anhelo
y no puedo abrazar.

No sé si estoy escribiendo desde la culpa
o quizás desde el destierro,
desde el delirio o desde el desvelo,
pero las palabras se me atoran,
se licuan en lágrimas,
mientras mi esposa y mi perra duermen, y el gato se lame las patas, tan feo como indiferente.

«Tantas dudas y tan poco tiempo» me digo.

Pero no es cierto.
Mientras sea siempre todavía,
queda la esperanza de que estos solo sean
los primeros versos de una gran amistad.

Por eso,
al menos esta noche fría de invierno
pongo al firmamento por testigo,
que aunque estas lágrimas y estos versos no sean más
que una travesura de mi cerebro,
puedo asegurar que esta noche estuviste conmigo,
compartiendo palabras y sueños.

Otra mañana, con su verano,

tarde o temprano llegará, o eso espero.

Hasta entonces…

…Cruzaré los dedos.

Al Joan Carles

Com broten els fredolics,
-de sobte, sense avisar-
ha arribat el fred en aquesta malaurada nit.
És aquest un plany de bosc i fullaraca,
de matinada, silenci i
llagrimes besant la copa trencada.
Ara que el buit del desampar ha sustituit la rabia
i puc escriure les lletres del teu nom amb anyorança,
entenc la futilitat de la poèsia,
la seva inutilitat i el seu absurd.
Perque cap vers et pot fer justícia, ni cap poema
tindrà el seriós humor que tant t’agradava.
Per això demano que calli el vent, volin els cotxes i s’aturin els ocells, que el cel
es vesteixi de verd i el bosc de blau,
que el vi no taqui les barbes i que tothom tingui un bon pernil quan tingui gana.
Se que demano impossibles, com el desitg de tornar a jugar als escacs amb tú. Però no em vull resignar, Joan Carles.
Abans que l’oblit ompli de silenci els camins
que ja mai tornaran a rebret, donam la revanxa.
Prometo deixar-te guanyar.

Otra cosa.

Después de ese silencio nada hospitalario,
en el que la muerte me escrutó con ojo clínico,
vuelvo al mar a falta de otro asidero,

en busca de otro precipicio.

Estúpida tendencia la mía
la de poner mi vida en juego,

aunque nunca lo suficiente,

como si solo quisiera fallecer un poco… A ratos…
Ahogarme, por ejemplo,
cuando el hastío y la desgana me traen tu recuerdo,
o cuando los sueños se vuelven tan reales que toco tu ausencia.

Hace tiempo que quiero morir, para poder estar vivo,
con un corazón que bata sus olas indiferente
a cualquier sentimiento, a cualquier idea,
que pueda dolerme.

Pero eso no es vida, no es mar,
es roca:
sin sangre, sin memoria, sin claro deseo,
sin oscura esperanza.

Yo soy otra cosa.

Resonancias-2.

Frío que despojas
los brotes hasta desnudar la escarcha…

…Hasta hacerla carne, rumor de hielo,
canto de alambre y otoño,
crudo designio del marinero;
esa vibración infinita
-viva de silencios-
habita en tus dedos, en tu nada,
en la claridad oscura del manantial seco.

Tu pálido misterio alza
un eco que resuena con la luz de las alondras;
como la música que colma el alma y hace crecer
las negrillas entre la hojarasca furiosa.

Una delgada e invisible frontera

En lo oscuro, con los ojos cerrados,
(como antes de nacer), veo,
imagino tus ojos, rasgando las tinieblas.

Para mí se está volviendo algo cotidiano,
como tomarme una copa de vino mientras preparo la comida,
buscarte en la ausencia, rescatarte del silencio…

No sé quién eres. Creo que nunca te conocí.
Solo sé que necesito tu luz
para recomponer aquello que nadie sabe que está roto.

Hablo de mi infierno,
pero también podría hablar perfectamente
del cielo.
Al fin y al cabo, solo los separa una delgada e invisible frontera.

Violencia.

Asistí a esa violencia otra vez…

No era mía,

pero me incendió,

como se incendian los bosques en verano,

por el trasluz de un cristal,

por el último brillo de una colilla…

¿Y qué hacer cuando te entran ganas de matar,
cuando la rabia es más fuerte que un poema o un compromiso,
cuando el aire no entra en los pulmones
ni se abre camino en la jungla de asfalto sino es a cuchillo?

Si os digo la verdad, no lo sé,

por eso me lo pregunto.

Porque cuando no hallo respuestas

escribo.

Y punto. (Certezas de un hipocondríaco)

Latas vacías y un silencio

tan hiriente, tan denso, tan presente

que la vida se detiene

porque no se detiene aún…

En su lugar

un miedo aterrador,

una presencia insignificante de muerte y

ausencia perenne.

Tan fácil es que un punto

ese signo mudo y radical, esa parada obligada,

pueda darle la vuelta a todo

hasta abrirte los ojos por no cerrarlos

o por no llorar…

Al fin y al cabo son posibilidades -siempre lo son-,

aunque parezca lo contrario.

Un punto negro, semirredondo,

una pupila traviesa, una señal confusa,

me devuelven al paramo, al desierto dónde germiné.

Y miro la hora como si tuviera respuestas…

Miro la hora porque el tiempo,

ese compañero fiel y silencioso,

ese libro innacabable,

parece que se haya concentrado en mis labios temblorosos,

en una boca que desea chillar y revelarse,

que su grito sea el ancla desesperada que le aferre al mundo…

Cuando ya no sea capaz de cantarle al mar o la mañana

solo espero que me quedes tú,

como si el eco pudiera capturar el negativo del silencio,

como si pudiera ser,

como si fuera…

Límites

El psicoanálisis

-como diría San Agustín-

intenta contener el oceano en un vaso de agua.

La poesía

-en cambio-

es mar, es abismo, es firmamento;

querer ponerle límites

es como pretender alcanzar el horizonte…

La verdad y lo infinito,

no entiende de terminos.