Otra cosa.

Después de ese silencio nada hospitalario,
en el que la muerte me escrutó con ojo clínico,
vuelvo al mar a falta de otro asidero,

en busca de otro precipicio.

Estúpida tendencia la mía
la de poner mi vida en juego,

aunque nunca lo suficiente,

como si solo quisiera fallecer un poco… A ratos…
Ahogarme, por ejemplo,
cuando el hastío y la desgana me traen tu recuerdo,
o cuando los sueños se vuelven tan reales que toco tu ausencia.

Hace tiempo que quiero morir, para poder estar vivo,
con un corazón que bata sus olas indiferente
a cualquier sentimiento, a cualquier idea,
que pueda dolerme.

Pero eso no es vida, no es mar,
es roca:
sin sangre, sin memoria, sin claro deseo,
sin oscura esperanza.

Yo soy otra cosa.