Llueve.

Llueve
y me siento
desnudo
ante:
las calles
vacias,
sus árboles
quietos,
las palabras
goteando y
esa calma
bendita
de agosto.

Lo inesperado
nunca
trae paraguas consigo.

A lo sumo
una maldición o
un recuerdo
de otras tardes
donde la desnudez
se inundó de ti.

Pokémon, hazte con todos.

Hemos quedado
unos pocos
para cazar un Pokémon,
hay que luchar contra él
con la fuerza de un enjambre,
como si fuera
un mamut de la prehistoria,
como si fuera Moby Dick.
Solo que quedamos
con el espíritu de ese coleccionista
que busca una foto
con la que presumir
a sus amigos.
No hay épica, ni falta que hace.
Es una lucha
donde lo único cierto
son las ganas de vencer. Es
el único motivo
por el que quedamos esos pocos,
porque por separado
las cicatrices de la derrota serían nuestro único trofeo.
Y no dejo de pensar,
como si en cada bola que lanzo
hubiera algo de mí, de mi resignación,
que si las personas
no se unen para luchar
por un bien mayor que ellos,
es porque no soportan pensar
que haya algo
que sea mas grande que su ego,
tan enorme
y tan pequeño,
como una imagen
sobreimpresa en la realidad.

Cinco poemas cortos.

Lo poético
no existe
pero es
está
se muestra y
se percibe
como la música
en una vibración
que resuena
más allá de toda duda.

Muchos hombres
soñaban con ser futbolistas, pero
luego acaban como la mayoría
pateando el mundo
y cantando los goles de otro.

Los clásicos no se cancelan,
se contextualizan o se censuran;
negar la realidad del pasado
es rechazar la evolución de la sociedad
como sueño íntimo y esperanza última
de aquellos que crean para huir del horror.

Cuando la voz en tu cabeza suena tan fuerte
que te empaña hasta la mirada
escúchala hasta que se canse
y si no se cansa
enfrentala con sus mismos argumentos.
Frente a cierta paranoia
lo más sano es desconfiar de uno mismo.

Mi pueblo ya tiene
más baristas chinos que españoles
y la verdad
no noto la diferencia
el que es limpio es limpio,
el que es simpático te hace sonreír,
y el que te conoce bien
te recuerda
a veces
mejor que tú mismo.

Otros tres poemas cortos

El hogar no son cuatro paredes,
son aquellas personas,
aquellos libros, aquellas melodías
que te hacen sentir que estás en casa.
De lo demás no se encarga la poesía,
se encarga una inmobiliaria.

Los años siempre pasan factura,
más pronto que tarde, por eso,
si no tienes suficiente dinero,
hay que saber con qué sonrisa te hipotecas.
Porque lo puedes pagar toda tu vida.

Los restos de un plato -de palomitas, por ejemplo-
son como la memoria
demasiado exiguos para alimentarse,
pero siempre recordándonos que el hambre
puede convertirnos en pájaros enjaulados,
más preocupados en comer que en volar.

En voz alta

Leer poesía debería hacerse siempre en voz alta,
es lo que requiere para estar a su altura.
El silencio es para la creación, para la duda,
para una soledad desangelada.
Por contra, un poema leído
es una celebración de lo emocional,
como aquel que exclama al ver un viejo amigo
deberíamos dar constancia de que esas palabras
fueron escritas especialmente para nosotros
cuando no sabíamos ni leer.

Dolor

Cuando el cuerpo duele nos lamemos las heridas como animales sofisticados y es estadísticamente fácil encontrar un remedio que posponga
la muerte. Elegimos vivir, elegimos
seguir sufriendo.

Cuando el alma duele recurrimos al amor, a su dulce consuelo, y si falla,
recurrimos a un amigo, a un terapeuta, a las drogas, a la poesía, lo que sea para sentir que ese dolor tiene un lugar entendible en el mundo. Hasta el punto que en ocasiones esa forma nuestra de padecer se parece tanto a la soledad, que preferimos no entender nada.

Cuando todo duele, los gritos son más sordos, no alcanzan a decir
y por eso, al final, se callan.

Verano

Cuando llega el verano y las terrazas
parecen un escaparate de belleza,
la dulce sandía se vuelve en la boca agua fresca,

nos bañamos en las playas, en los ríos,
en las mismas piscinas donde fuimos niños,
sumergiéndonos en otro tiempo, acelerando
la pausa necesaria para salvarse del incendio del momento y su esclava condena,
y escapamos de las redes del instante,
huyendo del calor y sus anexos, la vida
parece un escenario diseñado para el disfrute,
la ingenua juventud y la despreocupada inocencia.
Por eso, a pesar de todo, marco los días en el calendario
deseando que llegue el otoño y su nostalgia.
Sentirse triste en verano va contra natura
y además
no soporto el calor.

Solamente

Sólo me parezco a Bukowski
en la devoción al vino,
pero hasta que mi hígado declare lo contrario
seré un aficionado.


Sólo me parezco a Beckett
en ese sentimiento de espera absurda
que me parece la vida,
porque cuando todo llegue a su fin
no habré casi ni comenzado.


Sólo me parezco a Pessoa
en la certeza de que no hay nombre que me contenga
porque dentro de nosotros
-ya lo dijo Saramago-
existe algo que no tiene nombre
y es precisamente lo que somos.


Sólo me parezco a Lorca cuando
celebro la vida como si fuera a acabarse mañana,
porque la noche es oscura y en ella
conocemos a los monstruos
que fuimos durante el día.


Sólo me parezco a Baudelaire al pensar
que todas las flores pueden ser flores del mal
y cuando recuerdo al niño que fui
satisfecho con mis juguetes
frente a otro niño más sucio y con menos suerte,
mirándome con una rata en las manos.


Sólo me parezco a un poeta
cuando olvido a quien me parezco y


borracho, herido y oscuro


celebro la vida como un regalo;
porque cuando digo
que pudo ser mucho peor
me refiero a que pude
no haberte conocido jamás.