La chica de Vodafone

He llamado tres veces a Vodafone
en menos de quince minutos,
como si la máquina que responde
fuera a cambiar de opinión por mi insistencia…

Pienso que por eso,
a pesar del calentamiento global
cada día hay gente un poco más fría;
como un robot o un soldado,
cumplen órdenes sin cuestionar,
son sociópatas adictos a ellos mismos
y con tendencia a cosificar a los otros.
Así, medrando, imponiéndose,
han naturalizado a las máquinas,
porque escuchan como máquinas,

aman (ellos lo llaman amor)

como máquinas

y codifican el mundo

según ceros y unos. Pero claro
el mundo es otra cosa
y para conocerlo de verdad
hay que sentir antes de entender.

Al final,
se ha puesto una muchacha real,
y ha sido amable,
una auténtica profesional de la empatía,
os podéis imaginar que su trabajo
era convencerme
-costara lo que costase-
para que no me fuera a otra compañía.