Cinco poemas cortos.

Lo poético
no existe
pero es
está
se muestra y
se percibe
como la música
en una vibración
que resuena
más allá de toda duda.

Muchos hombres
soñaban con ser futbolistas, pero
luego acaban como la mayoría
pateando el mundo
y cantando los goles de otro.

Los clásicos no se cancelan,
se contextualizan o se censuran;
negar la realidad del pasado
es rechazar la evolución de la sociedad
como sueño íntimo y esperanza última
de aquellos que crean para huir del horror.

Cuando la voz en tu cabeza suena tan fuerte
que te empaña hasta la mirada
escúchala hasta que se canse
y si no se cansa
enfrentala con sus mismos argumentos.
Frente a cierta paranoia
lo más sano es desconfiar de uno mismo.

Mi pueblo ya tiene
más baristas chinos que españoles
y la verdad
no noto la diferencia
el que es limpio es limpio,
el que es simpático te hace sonreír,
y el que te conoce bien
te recuerda
a veces
mejor que tú mismo.

El tendedero.

La ropa tendida,
-por fin ha dejado de llover-
la ropa interior al lado de los pantalones,
las camisetas con las camisas:
solo lo oscuro.

El olor a suavizante me hace sonreír,
creo que, por encima de todo,
la vida sigue su ritmo y que
un poco de razón tenían los católicos:
hay manchas que se van
si usas el jabón adecuado.

No basta con reconocer el mal
hay que eliminarlo o
en el peor de los casos
asumir la pérdida y comprender
que esa prenda
no la puedes llevar cuando quieras.

A la gente no le suele gustar la ropa sucia

por eso la lava en casa.

Refugios

Todo parece tan horrible,
tan paralizante, que
escribir implica dejar
que entre el horror en mi casa
con su gélido aliento de muerte.
Quizás derribe los muros y las puertas,
parta los cristales en mil pedazos inconexos,
arranque los cables y levante las baldosas
hasta que sangre el cemento desnudo, pero,
quizás,
sólo quizás,
nunca encuentre esos lugares
donde guardo la esperanza
y la poca fe que me queda en el ser humano;
allí se abre mi vía de escape,
reposa mi sueño tranquilo,
la firme sensación de que
a pesar de los pesares
nos queda la palabra.

Son tiempos difíciles, pero

los pájaros siguen volando.

Viejas heridas.

A veces escribir
es reabrir la herida,
rascar con las uñas
la vieja cicatriz,
hasta que una gota
de sangre emborrona
las sombras y los silencios
de este pálido amanecer.

A veces reabrir la herida
es lo que nos queda
para sentir la vida,
desatar los nudos del pasado y
acallar esas voces
que nos recuerdan
los pasos que marcaron
este deambular por las calles
buscando un lugar en el mundo.

Si escribir
es reabrir la herida,
puede ser la única forma
de no acabarlo todo
con un punto y final…

Sísifo

Trato de no pensar demasiado,
tan solo de aguantar el peso de esta niebla,
que me abraza fría,
traspasa mi piel
y clava sus uñas de hielo
en mi corazón confuso.
Es extraño estar y no estar,
ser la sombra de una sombra,
cuando todo acontece y
sentir que la vida se te escurre de las manos,
como despierta Sísifo en el valle.
Será por eso que al final
me conformo con lo poco que queda en ellas,
porque la alternativa es demasiado lúgubre
como escribir tu propia esquela

o imaginar mi vida sin mí.

Los espejos rotos.

A mi vida le falta un pedazo,
algo que no puedo recordar
porque lo que recuerdo
-según todos- nunca sucedió.
Es como construir sobre cimientos de nube
o como si alguien hubiera roto todos los espejos.
Imposible que no tiemble mi alma de hoja,
cuando quieres ver arder todos los almanaques y
el tiempo se escurre entre los dedos de mi memoria
sin poder conservar sus relatos.
Pero el tiempo no se detiene y
más allá de la marea
se mueven las alas de este vuelo inacabable,
congelado en un movimiento interrumpido…

Mientras tanto

cada vez que respiro

esa esquirla de hielo

se acerca más a mi corazón.

El secreto.

Dicen los gurús de la psicología positiva
que todo es posible si lo deseas con fuerza.
Cuando en realidad
lo absoluto -como el deseo
(que no entiende de intensidades)-
es inalcanzable por definición.
Se debería decir que:
puedes conseguir algunas cosas que deseas
si te esfuerzas mucho
y tienes suerte en tus decisiones.
Aún así
las probabilidades son escasas,
pero persevera, no te queda otra,
algo encontrarás en tu camino.
Eso sí, el universo no conspirará nunca,
porque no piensa y si pensara
tu vida y la mía le importarían un carajo.
Este es el secreto
somos insignificantes y la verdad
no vende, ni se vende.