Exilios. 

Mi existencia se disipa 

niebla cansada que hunde mis párpados,

fluye como un río de gente, como viento entre las espigas de trigo dorado.

Demasiado pasado, demasiado futuro

para reconocerme entre la bruma. 

Así vuelvo a la nada, me cobijo en el vacío y

tu cielo, entonces,

parece tan azul como mi propio cielo. 

Su reflejo marino 

me recuerda que hay dos cosas que no deben perturbarme:

el mañana y su aurora, el ayer

y su ceniza.

No hay poetas.

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Escucho la brisa

el mensaje incesante que brota del silencio;

su voz queda y misteriosa que penetra en la roca

haciendo resonar sus raíces como cascabeles.

Me pregunta si quedan poetas…

Le respondo que hace tiempo que se extinguieron.

Quizás aquel que contempló de verdad, con la náusea y desesperación

del que va a ser fusilado, o

el borracho que mira su vaso vacío y vislumbra su alma,

antes de pedir una penúltima ronda y así olvidar.

No puede haber poetas en una sociedad donde nada permanece.

Ni tan siquiera la palabra. Por eso

hay más poesía en un maniquí desnudo

que en nuestro imaginario colectivo, ese escaparate

donde todos estamos en venta.

He conocido personas más auténticas de madrugada

que en el claustro de la universidad, allí donde

el presunto SABER se pavonea engreído

con sus llamativos maquillajes. No puedes ser poeta

si nunca has amado de verdad; si no has estado dispuesto a morir

o incluso a matar, que es otra forma de morir. No puedes.

Olvídalo. Ser poeta es encarnar tu propia bestia, aquella que no atiende,

sino a su propio instinto de supervivencia.

Lo demás son juegos de palabras, malabarismos de pasarela,

incendiar los rastrojos sin jugarte la vida en ello.

Así que no lo intentes. Olvídalo. No tiene sentido.

Sino te juegas la vida en cada verso, nunca podrás sentir

que este instante, ahora, puede ser el último

en que escuches la brisa

el mensaje incesante que brota del silencio.

No me callaré.

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No me callaré nunca. Nunca.

Mi voz será el sendero que quiebre

el río y el abismo, su sed implacable.

Enterraré la palabra para que arraigue: el tiempo,

la luz, el vuelo de Ícaro, la disidencia

a lo que gritan que somos y al terror

inyectado en cada poro de la piel.

Seré aquella isla que desaparece de los mapas

porque sólo podrá ser vista si se sueña,

porque sólo podrá ser soñada si alguna vez estuviste allí.

Renuncio por tanto al silencio, al olor de sus bibliotecas,

porque sólo aniquilando la palabra, ésta

tendrá una posibilidad de sobrevivir.

 

Palabras.

We-Lights-03.jpgLa palabra y su sombra

son a veces igual de oscuras;

un río negro que inunda la piel

con las cenizas del presente,

hasta agrietar los huesos,

y convertirlos en raíces.

 

La palabra y su materia

son a veces igual de inertes;

una roca que no atiende

ni a dudas, ni a certezas,

hasta que el tiempo la reconoce

con la luz de su verdad.

 

La palabra y su futuro

son a veces igual de inciertos;

flotan a la deriva

sin nada a lo que asirse,

hasta que alguien las encuentra

y se rescatan mútuamente.

No es…

silencio

 

No es nube, ni pájaro, ni reflejo,

ni torbellino, ni maleza, ni laberinto;

no es espejo, ni luna, ni retrato,

ni rayo, ni anagrama, ni farolillo;

no es duda, ni certeza, ni deseo,

ni tuit, ni muro, ni acertijo;

no es beso, ni cama, ni canción,

ni mesa, ni mar, ni delirio;

no es castillo, ni epístola, ni paredón,

ni perro, ni dama, ni amigo;

no es faro, ni risa, ni Woolf,

ni llanto, ni prisa, ni amorío;

no es soledad, ni sexo, ni compañía,

ni manta, ni recebo, ni hombría;

no es tinta, ni río, ni navegar,

ni bolla, ni sed, ni deriva;

no es miedo, ni fin, ni soledad,

ni consuelo, ni tristeza, ni alegría;

no es prosa, ni ensayo, ni poesía…

 

Es silencio…

 

Solamente silencio.

Sucede…

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Y sucede que a veces

nos saluda la muerte con una sonrisa

como aquel que sabe el significado de lo inevitable

el trasfondo que habita en toda luz:

su oscuridad.

 

Sucede también

que como en un mal guión: llueve

y nos pensamos que el cielo está triste

¿Qué tendrá este cielo?

Las suspiros se escapan de su vientre infinito…

…Sucede que caminamos por las calles, convertidos en sombra,

en borrasca o en llama que arde de luto,

disparando con la mirada

ráfagas de preguntas, que rebotan en las paredes, en las gentes,

en nuestro silencio, hasta acertar precisa

con nuestro corazón ceniciento.

Sucede entonces que

nos convertimos en filósofos al contemplar

el paso irreductible del tiempo y

miramos a la muerte a los ojos

preguntándonos cuándo será nuestro turno.

Canciones.

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Canto
porque grito
al abismo en tu mirada,
al silencio opaco
que encadena tu párpados
y a las huellas invisibles
en las que me perdí.

Canto
porque la noche
no abandona a la mañana
y con la sangre
de tu sexo castrado
dibujo sombras
en las sombras de tu silencio.

Canto
para ti o
para nadie. Eso
no me importa.
Las canciones
sólo son canciones.
Una desesperada forma
de buscar el eco
que permanece
después de que el cielo
se parta con el rayo.