Una luz incierta

Bajo la corteza

allí donde no alcanzan

los rayos del sol,

ni las miradas…

Una luz titila en el frío.

Solo se propaga cuando puede.

Parece que no responda más

que al sueño del colibrí,

con esa flor

que existe porque se piensa,

sin ningún otro motivo.

La herida

El deseo de verte

como solo yo te veo,

pensarte cada día,

en las luces y las sombras;

imaginarte, nombrarte,

como un eco en el abismo,

hasta hacerte carne

dentro de mi herida…

…No es más

que un ejercicio

de auténtica libertad.

Como las páginas de un diario íntimo

me desnudas

para luego vestirme

con la verdad que te trajo a mí.