Desnudo de nombres.

Para Octavio Paz 

Amar era desnudarse de los nombres;

deshojar entre las sábanas 

las flores de tu sonrisa, hasta que

no quedaran más pétalos por arrancar que 

un nosotros                       palpitando 

al ritmo sereno del amanecer.
Cuando la noche viste de sudor 

nuestras miradas felinas

descubro que no hay poema que trascienda

pues no somos más que la suma de dos deseos

rendidos a su suerte. 

Como dos barcas que se cruzan en su deriva o

dos personas                           anónimas

buscando a tientas un porqué.

Vuela

​Vuela:

aunque sea sin alas,
aunque sea sin sombra,
aunque sea sin tiempo.
Vuela como las nubes
o como el viento.
Vuela hasta el abismo
para poder salir de él y
vuela hasta el horizonte
para alcanzar aquello que siempre
estuvo en tu interior.
Vuela hasta los confines
más lejanos de ti mismo,
hasta la Ítaca de Kavafis o
el paraíso perdido. Tu vuelo
te hará sabio para reconocer
las perspectivas de la vida y de la muerte.
Quizás así a fuerza de partir
podrás volar entre el olvido y el recuerdo.
Quizás así puedas al fin volver
y saberte tú 

al poner los pies en el suelo. 

La montaña 

No basta con abrir la ventana

para ver los tejados y los cielos,
ni para distinguir los puentes entre las nubes que
tienden las palomas con cada aleteo.
Hay que hacer un esfuerzo por perderle el respeto a la montaña
convertirse en niebla o en viento o en agua
para ocultar su grandiosidad, subir hasta su cima
y penetrar hasta su núcleo inalterable.
Ella siempre estará allí, cuando todos nos hayamos ido, ella
permanecerá impasible como el mar o el tiempo.
Por eso tiene una importancia relativa su presencia,
me resulta mucho más interesante describir
qué guarda tu silencio por las noches
cuando todo elemento que no sea tu mirada
parece lejano como pálida estrella.
Quizás nunca llegue a averiguarlo, pero al menos
te tengo cerca.

El jugador 

El poeta y el jugador son

ante todo prisioneros,
de sí mismos, de sus sentimientos,
de sus faroles, de sus miradas.
Las palabras se disponen así, estratégicamente,
sobre el gastado tapete de la vida.
La suerte del azar, el hilo caduco de sus entrañas,
las mañanas vacías, los vasos llenos,
su soledad de estrella, aquella música lejana,
las pantallas negras, la espectativa febril,
el silencio repetitivo del espejo y el polvo,
sobre todo el polvo depositado en los estantes y en la memoria
marcarán automática la apuesta.
La suerte está echada. Y solo aprendí
que seguiremos presos. Pero no,
no hablo de libertad,
porque ya no hay libertad bajo este pálido cielo…
…Sólo quedamos tú, lector, y yo, encerrados, 

entre puntos suspensivos…

La gramática del tiempo

…Los puntos, las comas, 

aumentan el sentido de las palabras,
rigen su temperatura,
marcan su paso por la vida
como huellas sobre el desierto.
Los silencios se hacen eco entonces
de todo lo que aún no se ha dicho.
Tocan como chelo indescifrable
la melodía del azar, sus amaneceres,
sus remansos… Como lenguas de fuego.
Existe una música oscura y vibrante 
en todo lo que callamos
cuando la muerte acecha tras la puerta
y la sombra del ciprés apunta sobre el muro
preguntándonos: ¿Cuándo,
cuándo resonará nuestro último aliento?

Reconciliación 

Poca cosa 

soy cuando te miro.
Poca cosa.
Un grano de arena,
una hoja al viento,
aquella lágrima en la lluvia,
que se suicidó desde tus mejillas,
para perderse y nunca volver.
La mañana se presenta fría en este espejo
como un frágil reproche o
una aurora pálida y cristalina.

Soy poca cosa
no cabe duda.

Sino fuera porque, a veces,
entre tanta bruma, me miras
devolviéndome el aliento.
Es entonces
cuando no importa lo dicho
ni ese silencio incómodo que me envuelve
en tu ausencia;
amanece en mi interior
la alegría de estar contigo
y esto, aunque no parezca gran cosa,
nos hace eternos.

A kind of magic.


Abres los ojos y

hay una especie de magia, de
encanto secular y misterio
en su voz callada.

Las nubes se alejan de tus cielos,
del desierto humbrío de tus noches.

Es entonces cuando brilla la chispa
y el silencio se vuelve palabra. 

Crees

Tú crees en la risa, en la ingravidez
de su arquitectura cuando estalla, en
la melodía que rige el sueño y su presente .

Crees en la vida y sus renuncias, en ese
ramillete de certezas que deshojas y en
la duda que oscurece tu mirada
mendigas la semántica de sus cicatrices.

Crees en la espuma y crees en la rabia,
en la pasión que nutre tus raíces
y en la voz que canta ensanchando el alma
cuando no encuentras luz entre la gente.

Crees en la sombra de tu pasado como crees
en el futuro y sus derivas.
Aunque siempre o casi siempre
te parezcan material de derribo y cárcel
para los pájaros que sueñan con volar.

Yo sólo quiero creer en ti. Nada más.
Que estarás a mi lado
cuando al fin el eco grite nuestros nombres
y no le conteste ni el silencio.

Esa es mi fe. Tú eres mi credo.

Soledad.

Rodeado de bestias

dormidas
como piedras voraces
me oculto en la sombra y el silencio,
tras la cicatriz que me dejó tu nombre.
En ese anonimato herido
aúllo a los espejos, intentando despojar
al viento y a la rama de su armonía.
Recuerdo que me repetías:

estás loco,
pero eres honesto.

Aún arde en mi
esa luz que se propaga
como la oscuridad más transparente.
Una vez te conteste:

la locura no existe
sin soledad.
Y aquí sigo.                   Solo.