Hay algo hermoso en estos tejados,
como pájaros dormidos
o flechas apuntando las nubes
señalan la hora inmóviles y
detienen el tiempo
con sus manos orantes.
Protegen la vida y las costumbres,
envuelven lo cotidiano
con las ropas de la intimidad.
Pero lo mejor es que sobre ellos
los líquenes tintan de ocre
las viejas tejas. Hasta en esa arcilla
machacada, cocida, moldeada,
el tiempo le da un respiro a la vida,
como si la guerra no fuera con él.
poesía
Viejas heridas.
A veces escribir
es reabrir la herida,
rascar con las uñas
la vieja cicatriz,
hasta que una gota
de sangre emborrona
las sombras y los silencios
de este pálido amanecer.
A veces reabrir la herida
es lo que nos queda
para sentir la vida,
desatar los nudos del pasado y
acallar esas voces
que nos recuerdan
los pasos que marcaron
este deambular por las calles
buscando un lugar en el mundo.
Si escribir
es reabrir la herida,
puede ser la única forma
de no acabarlo todo
con un punto y final…
El viaje.
Tanto miedo,
tanto, tanto,
a viajar ligero de equipaje
que atamos nuestras manos,
silenciamos las palabras y cedemos derrotados antes de luchar.
Tanto miedo,
tanto, tanto, que soñamos,
por no morir,
que la libertad espera
al otro lado de la puerta,
como un lunes al sol, un amor
imperfecto y maravilloso
o una palabra que al fin
abra la cerradura.
Tanto miedo a mirar, a escuchar,
a comprender.
Tanto miedo…
Pero la verdad es que
nunca hemos sido tan libres,
porque nunca hemos estado tan cerca.
Por eso te llamo esta noche,
para romper el sortilegio que te paraliza.
Porque aunque creas
que estos barrotes son tu casa,
un universo entero se abre en tu corazón.
Tomalo si quieres. Ámalo.
No necesitas maleta para este viaje.
El séptimo sello.
«La partida ha acabado, Mr. Von Sydow. D.E.P.» La muerte.
Aún no ha acabado este invierno,
aunque estemos a 26 grados.
Veo gente con mascarillas y los medios
CON GRANDES PALABRAS
hablan de pánico y pandemia.
Las bolsas se desploman moribundas
y dicen que en Italia
han comenzado los saqueos.
En mi pueblo
la proximidad de la muerte
es el tema de la semana.
Parece que
nos están acostumbrando
a una rutina
de continúo apocalipsis,
quizás para que cuando llegue
no lo veamos venir.
Sabor de amor.
Todo me sabe a ti. Danza invisible.
El amor a veces sabe
como si comieras
helado de caramelo en la cama
después de hacer el amor.
Nunca tienes suficiente,
ni de lo uno,
ni de lo otro.
Acabas un libro,
has pasado un año y medio con él
y lo conoces como a un hijo,
como a ellos
llega un día en que debes dejarlos volar
con esa mezcla de orgullo prudente
y temor por su futuro.
Ciertamente te conformas con poco. Sólo esperas:
que la vida no le sea demasiado dura,
que hasta los más críticos lo llamen por su nombre y
que llegue, sin grandes cicatrices, hasta donde pueda llegar.
Blowing in the wind
Los árboles ya no están,
pero el viento sigue todavía
peinando las calles con indiferencia.
Seguramente, no se de cuenta
de que ya casi nadie se estremece a su paso,
que solo se levantan a saludarle
la basura
y los papeles perdidos
de algún incívico poeta.
Sórdidas respuestas soplan
en estos tiempos bárbaros,
mientras pisamos el acelerador
-como Thelma y Louise-
directas hacia el precipicio.
Sísifo
Trato de no pensar demasiado,
tan solo de aguantar el peso de esta niebla,
que me abraza fría,
traspasa mi piel
y clava sus uñas de hielo
en mi corazón confuso.
Es extraño estar y no estar,
ser la sombra de una sombra,
cuando todo acontece y
sentir que la vida se te escurre de las manos,
como despierta Sísifo en el valle.
Será por eso que al final
me conformo con lo poco que queda en ellas,
porque la alternativa es demasiado lúgubre
como escribir tu propia esquela
o imaginar mi vida sin mí.
Calla mi boca y…
Calla mi boca y paraliza
mis labios el silencio.
Pero no,
no es porque mi corazón no sienta,
sino porque mi mente aletea
como un pájaro del laberinto
y atraviesa
tantas emociones en un segundo
que no hay palabra que abarque tanto,
ni emoción que abrace este todo
tan oscuro como mío.
¡Encima!
Y con lo difícil que resulta todo,
encima
nos da por boicotearnos.
Somos esclavos que han adoptado sus cadenas y
que se flagelan por no ser buenos siervos.
Nos merecemos lo que nos pase,
por imbéciles.
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