La coreografía de lo insólito.

La verdad no existe
y si existiera
se ocultaría tras las máscaras de lo fugaz.
El tiempo, los ríos, el azar
y su música impredecible
improvisan un baile
al que todos estamos invitados,
una danza de olas polvorientas y ceniza, 
la coreografía del mundo,
la decadencia de su naufragio.
Solo algunas notas insólitas
como carcajadas desesperadas
sorprenden con la alegría de su tono
rompiendo la maldición de su estructura.
El espectáculo de la vida debe continuar…

Palabras.

We-Lights-03.jpgLa palabra y su sombra

son a veces igual de oscuras;

un río negro que inunda la piel

con las cenizas del presente,

hasta agrietar los huesos,

y convertirlos en raíces.

 

La palabra y su materia

son a veces igual de inertes;

una roca que no atiende

ni a dudas, ni a certezas,

hasta que el tiempo la reconoce

con la luz de su verdad.

 

La palabra y su futuro

son a veces igual de inciertos;

flotan a la deriva

sin nada a lo que asirse,

hasta que alguien las encuentra

y se rescatan mútuamente.

La universidad de la locura

Manicomio_2

Aprendes: que no eres

que no importa tu historia,

ni tu nombre,

ni las palabras que te llevaron hasta allí.

En un ejercicio

de sumisa normalización

renuncias a todo,

incluso a tu libertad. Porque

comprendes rápidamente

que el único camino para escapar

pasa por desertar de uno mismo.

Puede que te aten, que te violen

la mente, o el culo, o el coño extra-seco,

tras sus muros ciegos.

Será entonces

cuando te gradues

como un animal

en el manicomio,

la auténtica universidad de la locura.

No es…

silencio

 

No es nube, ni pájaro, ni reflejo,

ni torbellino, ni maleza, ni laberinto;

no es espejo, ni luna, ni retrato,

ni rayo, ni anagrama, ni farolillo;

no es duda, ni certeza, ni deseo,

ni tuit, ni muro, ni acertijo;

no es beso, ni cama, ni canción,

ni mesa, ni mar, ni delirio;

no es castillo, ni epístola, ni paredón,

ni perro, ni dama, ni amigo;

no es faro, ni risa, ni Woolf,

ni llanto, ni prisa, ni amorío;

no es soledad, ni sexo, ni compañía,

ni manta, ni recebo, ni hombría;

no es tinta, ni río, ni navegar,

ni bolla, ni sed, ni deriva;

no es miedo, ni fin, ni soledad,

ni consuelo, ni tristeza, ni alegría;

no es prosa, ni ensayo, ni poesía…

 

Es silencio…

 

Solamente silencio.

Sucede…

Hermosa-lluvia-de-estrellas

Y sucede que a veces

nos saluda la muerte con una sonrisa

como aquel que sabe el significado de lo inevitable

el trasfondo que habita en toda luz:

su oscuridad.

 

Sucede también

que como en un mal guión: llueve

y nos pensamos que el cielo está triste

¿Qué tendrá este cielo?

Las suspiros se escapan de su vientre infinito…

…Sucede que caminamos por las calles, convertidos en sombra,

en borrasca o en llama que arde de luto,

disparando con la mirada

ráfagas de preguntas, que rebotan en las paredes, en las gentes,

en nuestro silencio, hasta acertar precisa

con nuestro corazón ceniciento.

Sucede entonces que

nos convertimos en filósofos al contemplar

el paso irreductible del tiempo y

miramos a la muerte a los ojos

preguntándonos cuándo será nuestro turno.

Para @amanecegratis

image

Si yo fuera otro,
con otra vida, otra historia,
otros deseos y otras soledades
tendría que conocerte igual
indistinta
con todas tus virtudes
y esos defectos
que me hacen adorarte
como a una diosa cercana.

Porque esta comedia sencilla
la escribimos a cuatro manos
cada vez que nos reencontramos
en las luces y las sombras.

¡Qué le voy a hacer! Estoy enganchado
a la fuerza de tu risa
la claridad de tu mirada
y al calor de un cuerpo que
no entiende
de excusas, ni inviernos.

Por eso mis palabras
me parecen insuficientes para decirte
cuánto te amo
y prefiero decirtelo a veces
con la lumbre de mi devoto silencio.

La noria

agujero-negro

Las lágrimas rompieron su mirada

quebrando el horizonte de sucesos.

Rastro de sales, restos de vida.

En medio de la noche,

aquella multitud no era nada,

sólo sombras, como fantasmas.

Él la miraba; ella, temblorosa, le rehuía.

La noria giraba y regiraba

su incontrolable vaivén de emociones.

Pero sus miradas se encontraron

en medio del túnel.

Se escrutaron en silencio,

se reconocieron entre la bruma.

Él quiso saber si ella estaba mareada.

Ella le hizo prometer que sus lágrimas no serían en vano.