La verdad no existe
y si existiera
se ocultaría tras las máscaras de lo fugaz.
El tiempo, los ríos, el azar
y su música impredecible
improvisan un baile
al que todos estamos invitados,
una danza de olas polvorientas y ceniza,
la coreografía del mundo,
la decadencia de su naufragio.
Solo algunas notas insólitas
como carcajadas desesperadas
sorprenden con la alegría de su tono
rompiendo la maldición de su estructura.
El espectáculo de la vida debe continuar…
poema
Palabras.
La palabra y su sombra
son a veces igual de oscuras;
un río negro que inunda la piel
con las cenizas del presente,
hasta agrietar los huesos,
y convertirlos en raíces.
La palabra y su materia
son a veces igual de inertes;
una roca que no atiende
ni a dudas, ni a certezas,
hasta que el tiempo la reconoce
con la luz de su verdad.
La palabra y su futuro
son a veces igual de inciertos;
flotan a la deriva
sin nada a lo que asirse,
hasta que alguien las encuentra
y se rescatan mútuamente.
La universidad de la locura

Aprendes: que no eres
que no importa tu historia,
ni tu nombre,
ni las palabras que te llevaron hasta allí.
En un ejercicio
de sumisa normalización
renuncias a todo,
incluso a tu libertad. Porque
comprendes rápidamente
que el único camino para escapar
pasa por desertar de uno mismo.
Puede que te aten, que te violen
la mente, o el culo, o el coño extra-seco,
tras sus muros ciegos.
Será entonces
cuando te gradues
como un animal
en el manicomio,
la auténtica universidad de la locura.
No es…

No es nube, ni pájaro, ni reflejo,
ni torbellino, ni maleza, ni laberinto;
no es espejo, ni luna, ni retrato,
ni rayo, ni anagrama, ni farolillo;
no es duda, ni certeza, ni deseo,
ni tuit, ni muro, ni acertijo;
no es beso, ni cama, ni canción,
ni mesa, ni mar, ni delirio;
no es castillo, ni epístola, ni paredón,
ni perro, ni dama, ni amigo;
no es faro, ni risa, ni Woolf,
ni llanto, ni prisa, ni amorío;
no es soledad, ni sexo, ni compañía,
ni manta, ni recebo, ni hombría;
no es tinta, ni río, ni navegar,
ni bolla, ni sed, ni deriva;
no es miedo, ni fin, ni soledad,
ni consuelo, ni tristeza, ni alegría;
no es prosa, ni ensayo, ni poesía…
Es silencio…
Solamente silencio.
Sucede…

Y sucede que a veces
nos saluda la muerte con una sonrisa
como aquel que sabe el significado de lo inevitable
el trasfondo que habita en toda luz:
su oscuridad.
Sucede también
que como en un mal guión: llueve
y nos pensamos que el cielo está triste
¿Qué tendrá este cielo?
Las suspiros se escapan de su vientre infinito…
…Sucede que caminamos por las calles, convertidos en sombra,
en borrasca o en llama que arde de luto,
disparando con la mirada
ráfagas de preguntas, que rebotan en las paredes, en las gentes,
en nuestro silencio, hasta acertar precisa
con nuestro corazón ceniciento.
Sucede entonces que
nos convertimos en filósofos al contemplar
el paso irreductible del tiempo y
miramos a la muerte a los ojos
preguntándonos cuándo será nuestro turno.
Alguien
Ir a la universidad
sólo te aporta
tecnología cultural,
no te convierte
en alguien que sabe
cómo vivir
ni cómo morir.
(D)Escribir

Emborrono tu superficie
buscando (d)escribir en la niebla
un punto de luz.
Pero sólo encuentro traumas
abiertos en la piel del pasado,
y dudo y me pierdo
y trastabillo.
Mi cuerpo, caído
en la calle vacía,
devuelve tu silueta
a categorías ingrávidas.
Para @amanecegratis
Si yo fuera otro,
con otra vida, otra historia,
otros deseos y otras soledades
tendría que conocerte igual
indistinta
con todas tus virtudes
y esos defectos
que me hacen adorarte
como a una diosa cercana.
Porque esta comedia sencilla
la escribimos a cuatro manos
cada vez que nos reencontramos
en las luces y las sombras.
¡Qué le voy a hacer! Estoy enganchado
a la fuerza de tu risa
la claridad de tu mirada
y al calor de un cuerpo que
no entiende
de excusas, ni inviernos.
Por eso mis palabras
me parecen insuficientes para decirte
cuánto te amo
y prefiero decirtelo a veces
con la lumbre de mi devoto silencio.
Océanos
La noria

Las lágrimas rompieron su mirada
quebrando el horizonte de sucesos.
Rastro de sales, restos de vida.
En medio de la noche,
aquella multitud no era nada,
sólo sombras, como fantasmas.
Él la miraba; ella, temblorosa, le rehuía.
La noria giraba y regiraba
su incontrolable vaivén de emociones.
Pero sus miradas se encontraron
en medio del túnel.
Se escrutaron en silencio,
se reconocieron entre la bruma.
Él quiso saber si ella estaba mareada.
Ella le hizo prometer que sus lágrimas no serían en vano.



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