Blowing in the wind

Los árboles ya no están,
pero el viento sigue todavía
peinando las calles con indiferencia.
Seguramente, no se de cuenta
de que ya casi nadie se estremece a su paso,
que solo se levantan a saludarle
la basura
             y los papeles perdidos
                           de algún incívico poeta.

Sórdidas respuestas soplan
en estos tiempos bárbaros,

mientras pisamos el acelerador
-como Thelma y Louise-
directas hacia el precipicio.

Sísifo

Trato de no pensar demasiado,
tan solo de aguantar el peso de esta niebla,
que me abraza fría,
traspasa mi piel
y clava sus uñas de hielo
en mi corazón confuso.
Es extraño estar y no estar,
ser la sombra de una sombra,
cuando todo acontece y
sentir que la vida se te escurre de las manos,
como despierta Sísifo en el valle.
Será por eso que al final
me conformo con lo poco que queda en ellas,
porque la alternativa es demasiado lúgubre
como escribir tu propia esquela

o imaginar mi vida sin mí.

Sobre el amor.

El amor no cura. Es más
si amas aprenderás que el otro es
tan frágil como tú, tan vulnerable
al frío del silencio,
a su desolada inclemencia, y que
tu pecho y su pecho se comunican
por un aliento insólito, que no siempre
encuentra un camino o un ojalá.
Si amas, también,
conocerás al otro, sufrirás con él,
sus problemas serán tus problemas,
sus insomnios tus desvelos,
sus heridas llorarán en ti
como el largo lamento de un niño al nacer,
desnudo y exiliado de ti mismo,
de tu burbuja.
Si amas, todo este padecer será tuyo,
serán las notas graves de tu balada.
Si no amas, en cambio,
tu destino será más cruel y sencillo,
si no amas
simplemente
enfermas.

Los espejos rotos.

A mi vida le falta un pedazo,
algo que no puedo recordar
porque lo que recuerdo
-según todos- nunca sucedió.
Es como construir sobre cimientos de nube
o como si alguien hubiera roto todos los espejos.
Imposible que no tiemble mi alma de hoja,
cuando quieres ver arder todos los almanaques y
el tiempo se escurre entre los dedos de mi memoria
sin poder conservar sus relatos.
Pero el tiempo no se detiene y
más allá de la marea
se mueven las alas de este vuelo inacabable,
congelado en un movimiento interrumpido…

Mientras tanto

cada vez que respiro

esa esquirla de hielo

se acerca más a mi corazón.

L@s principit@s

Hay personas que saben sentir de forma casi innata,
no han necesitado grandes tragedias
para saber cuándo llorar,
ni emborracharse con Pan para saber reír.
Son personas sencillas y dispuestas,
atentas al pequeño mundo que habitan
como pequeños y humildes personajes de Saint Exupéry.
La curiosidad de esas personas
se despierta cada mañana
como un reloj biológico y exploran
con ambición de jardinero
lo que crece a su alrededor.
Son personas cuya sabiduría se nutre
de querer entender al otro
y por el otro
han aprendido a escuchar con atención
para no perderse entre la niebla.
Esas personas
nos llevan siglos de evolución de ventaja
porque mientras que la mayoría
empezamos a saber sentir
después de haber llegado al zenit de nuestro conocimiento,
ellos no necesitan escribir versos
para llenar el mundo de poesía.

El secreto.

Dicen los gurús de la psicología positiva
que todo es posible si lo deseas con fuerza.
Cuando en realidad
lo absoluto -como el deseo
(que no entiende de intensidades)-
es inalcanzable por definición.
Se debería decir que:
puedes conseguir algunas cosas que deseas
si te esfuerzas mucho
y tienes suerte en tus decisiones.
Aún así
las probabilidades son escasas,
pero persevera, no te queda otra,
algo encontrarás en tu camino.
Eso sí, el universo no conspirará nunca,
porque no piensa y si pensara
tu vida y la mía le importarían un carajo.
Este es el secreto
somos insignificantes y la verdad
no vende, ni se vende.