Sísifo

Trato de no pensar demasiado,
tan solo de aguantar el peso de esta niebla,
que me abraza fría,
traspasa mi piel
y clava sus uñas de hielo
en mi corazón confuso.
Es extraño estar y no estar,
ser la sombra de una sombra,
cuando todo acontece y
sentir que la vida se te escurre de las manos,
como despierta Sísifo en el valle.
Será por eso que al final
me conformo con lo poco que queda en ellas,
porque la alternativa es demasiado lúgubre
como escribir tu propia esquela

o imaginar mi vida sin mí.

A estas alturas…

A estas alturas del camino
poco importa como llegué hasta aquí,
todo mis pasos cumplieron un propósito
y lo único que lamento
es no haber aprendido suficiente.
En esta hora tardía lucho
por vivir en mi, por vivir contigo,
porque crezcan flores en las ruinas y
cristalicen los lamentos en perlas
que puedan coronar la blanca cima.
Todo lo demás da igual: éste
ha sido mi viaje, mi ruta salvaje
en la busqueda de mí mismo.
Todo este tiempo te he estado esperando, amor,
y lo demás
son las piedras que han marcado mi camino.

Un día gris.

Hoy es un día gris
de esos amargos que dejan
irremediablemente
un regusto intenso a melancolía.
Por lo demás
todo sigue igual,

navegando en tus sueños,
yo
volado de ausencia.
Quizás la lluvia cumpla sus amenazas
y estalle contra el suelo
en un giro de guión imprevisible.
Así mañana
veremos crecer entre los adoquines
un tallo verde
que nos anuncie la primavera.

Los espejos rotos.

A mi vida le falta un pedazo,
algo que no puedo recordar
porque lo que recuerdo
-según todos- nunca sucedió.
Es como construir sobre cimientos de nube
o como si alguien hubiera roto todos los espejos.
Imposible que no tiemble mi alma de hoja,
cuando quieres ver arder todos los almanaques y
el tiempo se escurre entre los dedos de mi memoria
sin poder conservar sus relatos.
Pero el tiempo no se detiene y
más allá de la marea
se mueven las alas de este vuelo inacabable,
congelado en un movimiento interrumpido…

Mientras tanto

cada vez que respiro

esa esquirla de hielo

se acerca más a mi corazón.

L@s principit@s

Hay personas que saben sentir de forma casi innata,
no han necesitado grandes tragedias
para saber cuándo llorar,
ni emborracharse con Pan para saber reír.
Son personas sencillas y dispuestas,
atentas al pequeño mundo que habitan
como pequeños y humildes personajes de Saint Exupéry.
La curiosidad de esas personas
se despierta cada mañana
como un reloj biológico y exploran
con ambición de jardinero
lo que crece a su alrededor.
Son personas cuya sabiduría se nutre
de querer entender al otro
y por el otro
han aprendido a escuchar con atención
para no perderse entre la niebla.
Esas personas
nos llevan siglos de evolución de ventaja
porque mientras que la mayoría
empezamos a saber sentir
después de haber llegado al zenit de nuestro conocimiento,
ellos no necesitan escribir versos
para llenar el mundo de poesía.

El secreto.

Dicen los gurús de la psicología positiva
que todo es posible si lo deseas con fuerza.
Cuando en realidad
lo absoluto -como el deseo
(que no entiende de intensidades)-
es inalcanzable por definición.
Se debería decir que:
puedes conseguir algunas cosas que deseas
si te esfuerzas mucho
y tienes suerte en tus decisiones.
Aún así
las probabilidades son escasas,
pero persevera, no te queda otra,
algo encontrarás en tu camino.
Eso sí, el universo no conspirará nunca,
porque no piensa y si pensara
tu vida y la mía le importarían un carajo.
Este es el secreto
somos insignificantes y la verdad
no vende, ni se vende.

Mientras duermes.

Mientras duermes, puedo
sublimar la escarcha
en una gota cristalina,
abrazar el cielo, mudar la rabia,
vestir las nubes de pájaros y
la casa de guirnaldas. Todo
para decirte que te quiero,
pero…

Mejor que espere
a abrir tus ojos con aromas
que sean dulces, que sean cálidos,
como nuestro hogar. Así verás
que el amor requiere un lenguaje,
desnudo de retórica y disfraces,
libre de adherencia pasadas,
como la primera flor del deshielo y
la primera luz del despertar.

La anciana y el perro.

He visto a una anciana pasear a su perro.
Éste era pequeño, tranquilo,
cargado más de orina que de prisa;
se adaptaba al paso de su amiga y
levantaba la mirada hacia ella con atención.
La mujer, a pesar de su edad,
no eludía su paseo. Como mucho
le avisaba conmovida 
para que no tirara demasiado:
«A ver por dónde me llevas, cariño,
que yo no veo».
Como tantas veces en las relaciones
ambos se responsabilizan del otro,
se cuidan mutuamente, se acompañan
y siguen adelante con la confianza
de que cada paso dado
es una pequeña victoria a la muerte.

El origen.

Lo original nunca es del todo nuevo,
siempre tiene una raíz
que se alimenta del origen,
de su mismo fuego.
Hablo de un germen
del que todos nos hemos nutrido,
como parásitos insaciables
de palabras y verdad.
Por eso leemos, por eso
y por sentirnos menos solos.
Porque aprendimos que entre tanta mentira,
existe un patrón repetido y que en él
se esconden: las huellas del cuento,
todos los nombres, sus vericuetos,
aquello que nos hace humanos
y que nos sobrevivirá
mientras exista alguien predispuesto a escuchar.