Para pensarte.

PARA PENSARTE: libre como eres,
a mi lado, con tu alegría de estrella
brillando sobre las sombras de lo infinito,
no necesito ni cerrar los ojos;
prefiero tenerlos abiertos para verte llegar.
Eres mi amor, mi esposa, mi amiga,
mi niña, mi compañera de viaje,
mi hogar al que volver, mi inspiración diaria,
y mi poema por escribir.
No entiendo a esas personas
que buscan a tientas
a alguien como ellos,
contigo aprendí
que las diferencias suman, se complementan,
vuelan juntas
como el viento y las hojas. Contigo
aprendí que la risa hace estallar la rutina,
que la soledad no se me clava
si eres tú quien maneja el puñal, que
el tiempo -ese incansable depredador-
es el mejor aliado para construir una relación.
Contigo supe
que el mejor libro aún está por leer,
la mejor película por descubrir,
la mejor canción por cantar
y que la pizza requemada
también se puede comer.
Como comprenderás
es fácil quererte, pequeña mía,
hasta cuando la tristeza nuble tu corazón
y desesperes cansada de la vida,
estaré ahí para preguntarte:
¿Quieres un café?

El silencio.

EL SILENCIO es un arma cargada
en los labios de la indiferencia,
bocas que callan y mueren por dentro,
dentelladas lentas de muda barbarie.
No es el miedo el preludio de tu herida,
sino el estúpido orgullo de tu divergencia.
Eliges mirar a otro lado para no ver la injusticia
y la legítimas con la complicidad del arrogante.
Se empieza así y un día, sin darte cuenta,
darás la espalda a la música,
a la filosofía, a una extraña y bella flor,
porque ver el mundo no implica
mirarlo a la cara,
escucharlo, entenderlo, respetarlo…
Ese día, si llega, será demasiado tarde,
te habrás quedado ciego para siempre
y ni tus manos temblorosas
serán capaces de reconocer
la cara de un amigo en la oscuridad.

@raulvelascosanchez

Somos.

Somos un conjunto de máscaras,
un ramillete de identidades
en constante aprendizaje y evolución.
Conocerse a uno mismo implica aceptar
tu papel en este baile de espejos.
Seguramente, por esto, Pessoa
fue el gran poeta del siglo XX,
cuánto más se disfrazaba
más se parecía a si mismo.

Decía Cioran que el miedo
es la muerte de cualquier instante.
Como un rayo de hielo
detiene los relojes y congela las manos,
impone un velo de luto y tinieblas,
situándote en el centro de tu propio laberinto.
Hablo de una fuga y un tránsito constante,
como fugitivos perseguidos por su propia sombra
huimos hasta cerrar el círculo
de lo que nos ha llevado hasta allí.

La guerra por dentro

La guerra es por dentro, sigue a tu instinto.

Che Sudaka.

Llevamos la guerra por dentro,
todos,
casi sin excepción.
La paz interior no es más que un armisticio
fugaz,
como un relámpago,
que ilumina por un instante
lo que fuimos, lo que somos
y lo que deseamos ser.
Dura solo un instante, el tiempo suficiente
para que podamos reconocernos antes de la penumbra.

SOBRE EL AMOR Y EL ARTE.

Solo el amor y el arte nos sitúan
en el ahora
con todo lo que eso implica:
la consciencia plena de ser quién eres
(de todos aquellos que te forman)
para poder centrarte en lo que sientes
con todas sus consecuencias.
No existe el lugar adecuado,
ni el momento concreto,
solo la certeza de estar ahí
haciendo lo que quieres hacer.
Todo lo demás: las facturas, los quebrantos,
los platos del fregadero,
los inconvenientes de lo cotidiano…

…pueden esperar.

A tu lado

No te amo porque te siga
(aunque te admire),
ni porque tú me sigas a mí
(aún no entiendo el porqué).
Te amo porque entre nosotros
no tiene sentido ir delante o detrás del otro,
porque siempre eliges estar a mi lado,
acompañándome, porque
eres mi amor, mi amiga y contigo
la vida es como un río
donde todo fluye de forma natural.
Solo espero que las palabras, los silencios, las risas,
las tardes de sofá y mantita,
las noches, los orgasmos sigan su curso,
hasta que -también juntos-
seamos mar.

A tumba abierta.

Recuerdo que mi infancia no fue triste,
tampoco leía mucho más que cómics,
pero siempre que un compañero tenía hambre
le daba un trozo de mi bocadillo.

En cambio, hoy en día,

como dice Chesán: toda persona
es una prisión de banalidades.
Defendemos la cultura
como una trinchera vacía,
ajenos al hambre y al dolor,
al precio absurdo del alquiler,
o de la luz, como si viviéramos
obsesionados con el valor de la muerte.

Así, a tumba abierta, escribo con el fin
de que mis versos sean una fuerza viviente, una voz
en un océano de experiencia colectiva,
que aunque no sacie el hambre, ni calme la sed,
traspase las paredes y las pantallas,
los barrotes de nuestra celda voluntaria,
para decirte: no estás sola.

La camisa azul

La ropa no tiene alma, pero
cuando ella está triste
siempre se pone esa camisa azul,
incluso en verano,
cuando lo lógico
sería llorar desnuda.
Como un ventrílocuo
le presta su voz a la cosa, hace
que hable por ella, que grite por ella,
como una elegante bengala de auxilio.

Cuando está alegre, en cambio,
se pone vestidos, blusas, pantalones, sudaderas
como si el fondo de armario no tuviera fin…
Sé que esa camisa triste,
refleja su soledad monocromática,
su silencio de lluvia, el otro lado del espejo
y que siempre estará con ella. Pero
me quedo con que la alegría
no necesita que hablen por ella, por si misma
se expande, conecta con el otro,
como si fuera viral.
La alegría
a veces lo pienso
es un meme de gatitos.

@raulvelascosanchez