El silencio.

EL SILENCIO es un arma cargada
en los labios de la indiferencia,
bocas que callan y mueren por dentro,
dentelladas lentas de muda barbarie.
No es el miedo el preludio de tu herida,
sino el estúpido orgullo de tu divergencia.
Eliges mirar a otro lado para no ver la injusticia
y la legítimas con la complicidad del arrogante.
Se empieza así y un día, sin darte cuenta,
darás la espalda a la música,
a la filosofía, a una extraña y bella flor,
porque ver el mundo no implica
mirarlo a la cara,
escucharlo, entenderlo, respetarlo…
Ese día, si llega, será demasiado tarde,
te habrás quedado ciego para siempre
y ni tus manos temblorosas
serán capaces de reconocer
la cara de un amigo en la oscuridad.

@raulvelascosanchez

Somos.

Somos un conjunto de máscaras,
un ramillete de identidades
en constante aprendizaje y evolución.
Conocerse a uno mismo implica aceptar
tu papel en este baile de espejos.
Seguramente, por esto, Pessoa
fue el gran poeta del siglo XX,
cuánto más se disfrazaba
más se parecía a si mismo.

Decía Cioran que el miedo
es la muerte de cualquier instante.
Como un rayo de hielo
detiene los relojes y congela las manos,
impone un velo de luto y tinieblas,
situándote en el centro de tu propio laberinto.
Hablo de una fuga y un tránsito constante,
como fugitivos perseguidos por su propia sombra
huimos hasta cerrar el círculo
de lo que nos ha llevado hasta allí.

La guerra por dentro

La guerra es por dentro, sigue a tu instinto.

Che Sudaka.

Llevamos la guerra por dentro,
todos,
casi sin excepción.
La paz interior no es más que un armisticio
fugaz,
como un relámpago,
que ilumina por un instante
lo que fuimos, lo que somos
y lo que deseamos ser.
Dura solo un instante, el tiempo suficiente
para que podamos reconocernos antes de la penumbra.

SOBRE EL AMOR Y EL ARTE.

Solo el amor y el arte nos sitúan
en el ahora
con todo lo que eso implica:
la consciencia plena de ser quién eres
(de todos aquellos que te forman)
para poder centrarte en lo que sientes
con todas sus consecuencias.
No existe el lugar adecuado,
ni el momento concreto,
solo la certeza de estar ahí
haciendo lo que quieres hacer.
Todo lo demás: las facturas, los quebrantos,
los platos del fregadero,
los inconvenientes de lo cotidiano…

…pueden esperar.

A tu lado

No te amo porque te siga
(aunque te admire),
ni porque tú me sigas a mí
(aún no entiendo el porqué).
Te amo porque entre nosotros
no tiene sentido ir delante o detrás del otro,
porque siempre eliges estar a mi lado,
acompañándome, porque
eres mi amor, mi amiga y contigo
la vida es como un río
donde todo fluye de forma natural.
Solo espero que las palabras, los silencios, las risas,
las tardes de sofá y mantita,
las noches, los orgasmos sigan su curso,
hasta que -también juntos-
seamos mar.

A tumba abierta.

Recuerdo que mi infancia no fue triste,
tampoco leía mucho más que cómics,
pero siempre que un compañero tenía hambre
le daba un trozo de mi bocadillo.

En cambio, hoy en día,

como dice Chesán: toda persona
es una prisión de banalidades.
Defendemos la cultura
como una trinchera vacía,
ajenos al hambre y al dolor,
al precio absurdo del alquiler,
o de la luz, como si viviéramos
obsesionados con el valor de la muerte.

Así, a tumba abierta, escribo con el fin
de que mis versos sean una fuerza viviente, una voz
en un océano de experiencia colectiva,
que aunque no sacie el hambre, ni calme la sed,
traspase las paredes y las pantallas,
los barrotes de nuestra celda voluntaria,
para decirte: no estás sola.

La camisa azul

La ropa no tiene alma, pero
cuando ella está triste
siempre se pone esa camisa azul,
incluso en verano,
cuando lo lógico
sería llorar desnuda.
Como un ventrílocuo
le presta su voz a la cosa, hace
que hable por ella, que grite por ella,
como una elegante bengala de auxilio.

Cuando está alegre, en cambio,
se pone vestidos, blusas, pantalones, sudaderas
como si el fondo de armario no tuviera fin…
Sé que esa camisa triste,
refleja su soledad monocromática,
su silencio de lluvia, el otro lado del espejo
y que siempre estará con ella. Pero
me quedo con que la alegría
no necesita que hablen por ella, por si misma
se expande, conecta con el otro,
como si fuera viral.
La alegría
a veces lo pienso
es un meme de gatitos.

@raulvelascosanchez

Sobre la libertad.

No creo en la libertad. Me siento
preso en un cuerpo cansado
encadenado al tiempo

y al sistemático sinsentido
y sin embargo opto

cada día

por la bondad.

Lo cierto es que me da vértigo pensar
que entre tanta elección cotidiana
hay tanto de uno

como de los otros;

al fin y al cabo, somos
una soledad acompañada,
una pequeña burbuja

entre la espuma.

Solo me consuela pensar
que tenderte la mano me libera
porque me acerca más a ti. Ahí,
precisamente, reside el dilema:
¿De qué sirve
tener un precioso jardín
si no puedes regalar:

el aroma de sus rosas,
la frescura de su sombra
o el calor de sus estíos?

Con el alma humana

pasa más o menos lo mismo:

no somos lo que tenemos,
nada nos pertenece (para siempre),
somos un conjunto de decisiones que

libres o no

pueden quedar grabadas
en los ojos que nos miran.