Verano

Cuando llega el verano y las terrazas
parecen un escaparate de belleza,
la dulce sandía se vuelve en la boca agua fresca,

nos bañamos en las playas, en los ríos,
en las mismas piscinas donde fuimos niños,
sumergiéndonos en otro tiempo, acelerando
la pausa necesaria para salvarse del incendio del momento y su esclava condena,
y escapamos de las redes del instante,
huyendo del calor y sus anexos, la vida
parece un escenario diseñado para el disfrute,
la ingenua juventud y la despreocupada inocencia.
Por eso, a pesar de todo, marco los días en el calendario
deseando que llegue el otoño y su nostalgia.
Sentirse triste en verano va contra natura
y además
no soporto el calor.

Solamente

Sólo me parezco a Bukowski
en la devoción al vino,
pero hasta que mi hígado declare lo contrario
seré un aficionado.


Sólo me parezco a Beckett
en ese sentimiento de espera absurda
que me parece la vida,
porque cuando todo llegue a su fin
no habré casi ni comenzado.


Sólo me parezco a Pessoa
en la certeza de que no hay nombre que me contenga
porque dentro de nosotros
-ya lo dijo Saramago-
existe algo que no tiene nombre
y es precisamente lo que somos.


Sólo me parezco a Lorca cuando
celebro la vida como si fuera a acabarse mañana,
porque la noche es oscura y en ella
conocemos a los monstruos
que fuimos durante el día.


Sólo me parezco a Baudelaire al pensar
que todas las flores pueden ser flores del mal
y cuando recuerdo al niño que fui
satisfecho con mis juguetes
frente a otro niño más sucio y con menos suerte,
mirándome con una rata en las manos.


Sólo me parezco a un poeta
cuando olvido a quien me parezco y


borracho, herido y oscuro


celebro la vida como un regalo;
porque cuando digo
que pudo ser mucho peor
me refiero a que pude
no haberte conocido jamás.

Dudas

Siempre empieza igual:
una arruga en el entrecejo,
la mirada perdida y dentro de ella
un océano de dudas,
largo y profundo, como un suspiro.
Siempre comienza así y
reconozco
que hay veces que no sé ni dónde guarecerme
de esta mecánica agotadora.
Sería mucho más fácil saber siempre qué decir,
cómo mirar, dónde mover las manos;
pero para qué -me repito-
todos los que aparentan saber todas las respuestas,
en el fondo, me parecen aún más perdidos.

Rutinas.

Los platos por fregar pueden esperar a mañana,
esta tarde es nuestra y la noche
escribirá nuestro nombre solo para nosotros.
Por mucho que algunas rutinas nos sujeten
a la tierra como viejas raíces,
prefiero volar por tu cuerpo desnudo,
hacerme viento hasta desordenar tu cabello,
volverme fuego para que ardan nuestras miserias.
Este es nuestro juego. Volar, arder, renacer
en las cenizas de estos días grises.
Porque cuando el silencio enfanga mis alas
y el hielo escarcha mi rostro de azul,
eres tú la que me libera,
con la destreza de tu sonrisa,
hasta hacerme volar, arder y renacer contigo,

siempre contigo.