Sucede…

Hermosa-lluvia-de-estrellas

Y sucede que a veces

nos saluda la muerte con una sonrisa

como aquel que sabe el significado de lo inevitable

el trasfondo que habita en toda luz:

su oscuridad.

 

Sucede también

que como en un mal guión: llueve

y nos pensamos que el cielo está triste

¿Qué tendrá este cielo?

Las suspiros se escapan de su vientre infinito…

…Sucede que caminamos por las calles, convertidos en sombra,

en borrasca o en llama que arde de luto,

disparando con la mirada

ráfagas de preguntas, que rebotan en las paredes, en las gentes,

en nuestro silencio, hasta acertar precisa

con nuestro corazón ceniciento.

Sucede entonces que

nos convertimos en filósofos al contemplar

el paso irreductible del tiempo y

miramos a la muerte a los ojos

preguntándonos cuándo será nuestro turno.

Be-(v)iendo mi realidad.

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Bebo el fracaso de los nombres,
cuando tocan las nubes mis pájaros de cristal.

Bebo los vientos de tu sexo,
como vuelan las sábanas, desgarrando las sombras del amanecer.

Bebo del aullido a la tormenta y, a la tristeza, hueca, de las calles vacías.

Bebo el paso incansable del tiempo
sus libros apilados y el polvo que los consuela.

Bebo apenado por las letras
heridas y por sus verbos cansados
de pasmo y soledad.

Bebo la muerte y sus pronombres,
la tumba abierta que nos espera impasible.

Bebo la noche y la mañana,
la arruga de asombro en mi frente oblicua.

Bebo tu amor y tu compañía
tu paciencia devota, tu silencio, tu alegría.

Bebo la preposición de tu alegato,
tan fiel como incierto, cuando acecha la espesura.

Bebo las nubes y los claros,
el despertar ansioso y su maraña tardía.

Bebo y no me canso de beberme, beberte y bebernos…

…Supongo que todo ello es la causa natural de que no se apague mi sed.

Who

Escucho sus voces
los ecos sordos de mi furia reprimida,
el batir de la culpa en mis alas,
mudo chapapote de negra rabia,
saliva incierta y opaca ensoñación.
Cuando tus cadenas envenenaron la copa
los pajaros fueron racimo de certezas
libretos de opera bufa
y manuales de autodestruccion.
Tan perversa como tu aliento
se manifiestó la bruma en mi mirada
a la salida de aquel cine
donde vi la vida pasar y descubrí que comedia es igual a drama más tiempo.

Silencio.

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Fríos amaneceres
sobre pardos tejados.
Preguntas sin respuesta
en la taza de cafe.

Silencio. Silencio. Silencio.

Y una mueca así de triste
en la superficie del espejo.

Silencio, silencio y miedo a la muerte

Cuando las nubes se visten de fantasma,
encadenan mi mirada con sus dudas. 

Silencio, miedo y angustia.

Mientras la lluvia cae sobre las calles…
Tu reflejo se encarna
frágil                       sobre los charcos.

Pero sólo escuchas el estruendo infinito

del silencio.

Silencio.

Silencio.

2 sonetos de amor

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Cálidas olas que acarician mi playa

con un agua trasparente y lúcida

que emergen con absoluta blancura

del abismo que esconde tu mirada.

Montes poblados de verde esperanza

habitan en cada imagen futura

reluciente cristal es la figura

que forjamos cada nueva mañana.

Ven mi pequeña niña

arrimate a mi que te quiero cerca

brindando conmigo por tu alegría

Que es tu sonrisa la mas fértil tierra

donde cultivo mis sueños los días

y noches abrazado a tu silueta

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No-lugares

Lugares que no son
aunque estén, como
aquellas casas de fantasmas

anónimos

en tránsito constante.

Espacios donde nada habita
más que la fuga o el cambio,
el fluir de un río postmoderno
donde la vida se fija
desde el paradigma del traslado.

Es díficil sino arriesgado
establecer un vínculo honesto
dentro de esas salas blancas
como es hacerlo
con una única ola del mar.

Cuando nada permanece
sólo queda la ilusión de lo que pudo ser
o lo que pudo quedar grabado
en el interior de la fotografía.

Momentos.

Hay momentos que te asaltan
como un timbrazo a media noche
o un fuerte estallido durante la verbena de San Juan.
Momentos en los que el estupor, deja sitio a la sorpresa
ésta hace hueco a la perplejidad, para que después inevitablemente
se instale el alivio o el miedo, en forma de incertidumbre magmática,
como reflejo fiel de nuestra tremenda fragilidad.

Hay momentos en los que el vacío viste de oscuro la mirada
y pareciera que no existe asidero ni balsa a la que aferrarse en
la desolada deriva por las ruinas de nuestra soledad.
Y uno se mira en el espejo y no se ve, y si se ve no se reconoce, y si se reconoce
llora como un niño perdido en medio de la multitud, reclamando una compasión
suplicando una clemencia, que los adultos no tenemos ni con nosotros mismos.

Hay momentos en cambio que la rueda de la vida
-o ese destino en el que me niego a creer-
nos reserva otras sorpresas mucho mas agradables. Y tras la cortina de
humo de un dialogo improvisado una mirada nos atraviesa
y se fija en la boca del estomago haciéndonos cosquillas con cada parpadeo.
Momentos en los que el deseo aviva un fuego que se creía extinguido
y hacia él arrojamos el miedo, la duda, la inseguridad neurótica, el desaliento
para ver si así dejan de joder de una vez. Tras ellas van las ilusiones
las fantasías y los sueños, para que con estos ingredientes juntos -y a fuego lento-
se vaya cocinando la esperanza.
Son situaciones, en definitiva, en las que todos los seres con corazón
nos reducimos a la cárcel de un animal sediento de palabras y anatomía,
porque más allá de un fin en si mismo, lo mejor del amor, como en el caso del arte,
es que es un camino que sólo existe mientras lo vas caminando.