Y como un rayo
me atraviesa el odio y me divide
como un reflejo oscuro que alienta
la verdad y sus anexos.
Contiene tanta rabia mi puño cerrado,
que sueño con que arda el mundo
y se extingan las naves,
que lo único que quede de la humanidad
-que en otra hora defendí-
sea la yerma sombra de un vientre seco,
secas las venas, secos los ojos, secas las manos,
seca la boca aterrada de tanto arder.
Si esa hora llega, no me busquéis,
seré otro,
que andará sin aire y sin vida entre bastidores,
esperando que la fiesta acabe
para poder recoger
los restos consumidos de quién fui.
vida
A las futuras generaciones
«Tu verdad no, la verdad.
Ven conmigo a buscarla
La tuya guardatela.»
Antonio Machado.
Siento confirmaros lo que ya imagináis
que nacer es empezar a morir,
mientras duele el mundo
como un disparo en la frente
y las llamas del ocaso
desparraman un mar de sangre
sobre nuestras cabezas de plástico.
Vivir, morir, tal vez soñar
con otras posibilidades, deambulando por los márgenes
en busca de compañía
para creer que no estamos solos.
Ahí reside la esperanza,
la única disidencia posible.
Pueden tumbar los cuerpos y las almas,
pueden socavar las raíces de la voluntad.
Pero si dos personas o tres o cuatro o las que sean
se ponen a trabajar juntas por la verdad… El camino
habrá valido la pena.
Un lago bajo la lluvia.
«El tacto tiene memoria»
John Keats
Si le preguntamos a la piel
quizás nos cuente historias de un viaje
de ida y vuelta,
como una ruta circular
hacia nuestros nombres;
un abrazo retenido,
esa mirada que nos acarició desnuda,
el sexo húmedo y descarado…Y sin embargo
la memoria de la piel
es más profunda que todas las rosas,
no necesita que la toquen,
para que toda ella se erice
como un lago bajo la lluvia.
Como el mar al anochecer.
Estamos en el balcón del hotel
y me pido una copa de vino;
Ana solo bebe agua.
Ella sueña con que algún día
cuando yo muera
le quede algo vivo de mí.
Luego canturrea distraída
mientras mira su teléfono.
Yo quiero otra copa,
pero no la pido.
Mi sangre ya está condenada
y el futuro me parece oscuro
como el mar al anochecer.
El humo y la vida.
Empecé a fumar con 14 años por rebeldía,
por afán de libertad,
porque fumar era propio de héroes,
-aún pensaba que el cine
era un buen reflejo de la realidad-
bendita inocencia.
Desde entonces he buscado
miles de maneras de ser libre y
al final
todas han resultado humo.
Cada decisión me ha atado más a la vida,
ha marcado un momento y un lugar,
definiéndome por lo precario de mis posesiones,
porque en realidad
mi única preocupación siempre fue
con quién compartir el próximo cigarro… Cuando soy yo
el que debería de dejar de fumar.
Ciudad de muertos.
Si de verdad amas a Euridice
Vete al infierno
Y no vuelvas.
Ángel González
No hay victoria posible,
sólo barbarie. Tampoco conquistas, salvo alguna calculada concesión.
La derrota es por tanto
total y absoluta.
No nos queda otra que renunciar a las grandes trincheras
por esas humildes luchas
entre las sombras condenadas
de esta ciudad de muertos.
Asumámoslo
por la verdad y la justicia.
Si realmente amas el mundo
baja conmigo al infierno
aún estamos a tiempo de rescatar
a aquellos de los que nadie se acuerda.
Tristes días
Hoy es uno de esos días tristes,
tristes, tristes.
En los que mi cuerpo cansado
escribe estos versos
como renuncia a la vida.
Es demasiado el dolor, demasiada la tristeza,
para intentar otra pirueta desesperada…
Mientras mis párpados desean que se cierre el telón,
mi corazón se aferra
a lo que puede y llora triste,
triste, triste, sobre el papel.
Llora con palabras
lo que mi boca silencia.
El café de las mañanas
Me gusta tomar café por las mañanas en esta plaza,
mirar a la gente, leer un poco, intentar escribir…
Son formas de huída cercana,
como sumergirme en una piscina de bolas buscando mi niñez,
o soñar que soy otro,
solo por imaginar qué le gustaría más: Benedetti o Baudelaire,
El truco está en jugar a que no te ven,
sólo así puedes mirar con el atrevimiento desesperado de una estatua viviente. Y
con un poco de fortuna
el mundo te regala una mirada, una sonrisa,
un recuerdo en forma de presente,
que atesoro… Y es que a mi edad
la memoria
es un baluarte oculto,
un jardín umbrío donde todo,
hasta el olvido, responde a un porqué.
La huída

A William Faulkner
Todo estaba a oscuras. Encendí la linterna un instante y su luz sacudió las penumbras. Sólo era una pequeña proyección que no servía para iluminar el andén, aunque me ayudara a entender la inmensa dimensión de sus sombras.
Podía seguir en aquella dirección o volver sobre mis pasos, pero el miedo no me dejaba pensar con claridad. Los dilemas de lo real no se limitan a cerrar un libro.
Cuando la muerte te persigue, nadie busca un punto y final por si a éste le precede tu nombre.
Calculé los riesgos. Lo menos arriesgado era seguir adelante y ser engullido por aquella tenebrosa confusión. Así que apagué el móvil y poco a poco el eco de mis pasos
se perdieron en el silencio como si nunca hubiera estado ahí.
Ana (una parte de todo)
Ana
siempre me hace reír.
Es su superpoder y su responsabilidad.
Para ella
darle la vuelta al mundo, pensar
que la actualidad es un cuadro y la verdad un cuento
que solo entendemos de niños es
una forma de volar, de salvarnos del naufragio.
Sé que puede parecer
una frívola deformación, una pobre comedia en sesión continúa,
pero lo cierto es que
en ocasiones,
le puede el desánimo y se sepulta en la cama,
arañando sus cicatrices,
llorando como lloran
las más bellas flores suicidas.
Es entonces,
cuando tengo que enfrentar la borrasca,
armarme de cielos
y desarmar los fantasmas
Porque su risa
es un manantial que debe preservarse
de la tóxica contaminación de la existencia.
Solo así
tal vez
le devuelva
una parte de todo lo que me ha regalado.
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