Límites

El psicoanálisis

-como diría San Agustín-

intenta contener el oceano en un vaso de agua.

La poesía

-en cambio-

es mar, es abismo, es firmamento;

querer ponerle límites

es como pretender alcanzar el horizonte…

La verdad y lo infinito,

no entiende de terminos.

Tras el incendio

Te tengo, pero

estás tan lejos como el silencio,

como la luna,

como un secreto…

Sé que te tengo porque soy tuyo,

porque me lo dices:

con palabras, con tu cuerpo,

con alegría y dolor;

siempre que hablas y callas,

siempre que eres

tú.

Cada paso de este viaje nuestro

es un crisol de encuentros, una búsqueda de encuentros,

sobretodo cuando creemos

que no queremos volver a escucharnos,

porque no soportamos aquello que nos hace especiales o

-por qué no decirlo-

un poco insoportables…

Creo sinceramente

que en esos desvelos compartidos,

como si esnifaramos una línea de algo desconocido,

reside la razón del porqué no puedo estar sin ti.

Pienso que es algo simple, quizás,

como también pienso que

estos versos no sean merecedores

de un Ángel González o un Ernesto Cardenal,

pero al menos son auténticos

genuinos a este insomnio y este ahora.

Porque la vida, ¡ese policía corrupto!,

ha llenado nuestra rutina

de muerte,

de dolor,

de angustia,

y aún así

no sé bien cómo

de este incendio brutal,

de sus cenizas

juntos

somos capaces de huir de esta cárcel

-que sólo existe en nuestro pensamiento-

abriendo un grieta

donde se levantaban los muros.

Porque como una hoja que tiembla frente al vendaval

temblamos,

temblamos,

temblamos,

pero ningún viento que

sea ajeno a nuestro corazón

nos puede hacer caer.

Del amor.

Imagen: “Audacia” Hatem Khraiche

      

                                       “Creo que si mirásemos más al cielo, acabaríamos por tener alas.” Gustave Flaubert

Del amor ya se ha escrito todo,

porque nada de lo que se expresa es suficiente.
Uno queda atrapado, con cara de bobo,
ante la torpe incompetencia del lenguaje.
Como si sólo en un parpadeo
           se pudiera contemplar el infinito,
buscamos en el otro nuestro espejo
            como si en aquella cálida pupila
se extendiera un atlas del deseo, una crónica
sobre todo aquello que nos trajo hasta aquí.


Ain’t no mountain high enough
Ain’t no valley low enough
Ain’t no river wide enough

Y sin embargo               ahí seguimos
buscando razones para ser amados,
argumentos que eleven nuestros corazones
                   tan cansados, a veces,
                   tan desgastados
de tiempo y soledad.

Puede suceder también que
rompamos el silencio para revelarnos,
de lo que somos,
de lo que fuimos,
de lo que queremos dejar de ser,
porque las heridas más profundas
siempre se esconden tras sus muros.

Y aunque en el fondo sabemos
que nada de lo que digamos nos devolverá al paraíso,
seguimos amando, seguimos escribiendo,
                   porque soñamos
                   que dentro de esa cálida pupila
                                se abre una puerta a la eternidad.

Rojo oscuro. Casi negro.

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Levantó la copa de vino hacia la luz. Contempló sus tonos rojizos, con reflejos de un dorado pálido. Al llevarla a la nariz se le erizó la piel al notar sus aromas a frutos rojos, maduros, casi confitados y las sutilezas de sus gráciles taninos. En boca resultaba majestuoso, un auténtico estallido de sabores que le provocaron un leve gemido de placer. A sus 47 años, al fin cumplía el sueño de catar un Chateux la vie del 74. Cuando al día siguiente le ejecutaran por el asesinato de su hija 14 años atrás, la inyección letal le cerraría los ojos con una sonrisa. Su vida al fin tenía sentido.