El televisor grazna como cuervo
su propaganda delirante
y yo
sentado, con el cigarro aferrado
a una mueca triste
me pregunto si dormir…
Dormir, morir, tal vez soñar…
¿Ignoro si soy? No.
Soy el puzzle de un espejo
que enfrentado a otro espejo
muestra su laberinto.
Como esa colilla que ahora me contempla
indiferente y gris
en el cenicero.
Cuando la esperanza se apaga
todo sabe a ceniza de futuro,
a parto trágico, a grito herido
que nadie en el bosque
escuchará.
Y no hay trago, ni boca, ni colchón
que apacigüe la rabia, ni devuelva el latido
al viejo y desconfiado reloj.
Mientras las calles se llenan de vacío
el verano quema mi corazón.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac…
El tiempo pasa y a
cada paso siento
que nos aleja
como desengaños
de la primavera en que nuestras manos
soñaron florecer.










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