Si muriera mañana.

Si muriera mañana
no sé detendría el tiempo,
no llorarían las farolas,
ni se abrazarían los pájaros,
no se oscureceria el agua,
ni hablarían las nubes sobre mí deceso.
Ana lloraría, lo pasaría muy mal,
y mis padres, los poco amigos que mantengo,
la familia que me quiere
aunque nos encontremos solo
cuando cambia el viento;
llamadme egoísta
pero la vida, el mundo, lo que importa:
las sonrisas, la mirada alegre de los perros,
la tranquilidad de los gatos
y la de algunos poetas. Todo eso:
el aroma del café por la mañana,
el goteo de un piano rompiendo el silencio,
el sabor de un beso de ojos cerrados,
las miradas que te desnudan con ojos abiertos,
el alivio de un suspiro y su ojalá,
perduraría como contrapeso
al ingente dolor que llora en el mundo
sin consuelo. Sin consuelo.
Ellos son la esperanza
que le queda al condenado, su última cena,
su sólido testamento.
Si muriera mañana, os legaría todo eso;
nada de palabras vacías, ni de abrazos maltrechos,
nada de miradas huidizas,
ni de soledad entre los dedos; que cantéis a la vida
porque cantando la penas son menos.
Por eso si muriera mañana
os llevaría en el pensamiento,
porque sois mi luna llena
y mi andar sereno.
Al final
la vida llega hasta donde esperan los dragones,
más allá,
os espero.