Busco.

Busco una poesía con respiración propia.

Respiración de nube y ola, de aleteo y dentellada,

que vuele sobre las fronteras y los espejos,

sobre los desvanes y sus cadenas.

 

Una poesía que no atienda al reloj

ni a más ritmo que el de su vientre insaciable.

 

Una poesía que sea mueca y desprecio

a la injusticia y sus discursos miserables:

siempre tan coherentes,

tan políticos y homicidas.

 

Una poesía que sea bitácora del malestar

que es tan mío como vuestro,

porque todos juntos

sólo somos

esa costra abierta en la herida de la historia:

su esperanza y su condena.

 

Una poesía que me represente

cuando no quede grito al que asirse

ni hilo que muestre la salida del laberinto, como

tristes Ariadnas (que nos creemos minotauros) o

Icaros que nunca llegarán al sol.

 

Una poesía que hable de ti, desde mi,

que sea el puente que nos una

más allá de nuestros precipicios y

la brújula negra que nos guíe

por si apagan todas las luces.

 

Una poesía que sea salvoconducto  y refugio

para aquellos que la noche incendia

en un fuego de mil lenguas sin nombre,

cuando la ceniza arrasa los párpados

y marchita los corazones de soledad.

 

Una poesía

que sea todo a pesar de su nada.

Un cosmos contenido entre interrogantes.

El principio y el fin de todos mis sueños.

Eso busco.

¿Y tú?