La soledad de lo relativo.

Entre dos tejados no hay grandes diferencias,

tampoco entre dos calles,
dos flores o dos poemas.
No existen divergencias significativas
entre dos corazones, dos miradas
o dos cuerpos, como no las hay
entre dos estructuras
dos delirios o dos fonemas.
Lo único que importa, lo único que realmente importa,
es qué hacemos con ellas, cómo
las usaremos para cruzar el túnel de esta noche
o la meseta de las mañanas. Con qué sútil presagio marcará nuestros pasos,
cuando llegue el invierno y no nos quede nada más
que la voz dormida del recuerdo
sobre el hueco vacío de la almohada.