Fantasmas del extrarradio.

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Disfrazada de sombra, caminas con pesadez elefantina, vueltas las enormes pupilas hacia un desván polvoriento, tu alma desprende a cada paso jirones de borrasca y óxido sobre tu cabello.
Me sorprendo saludándote, pero tu mirada quebradiza traspasa los cimientos de mi cuerpo al pedirme temblorosa un cigarrillo para una “buena causa”.
Una tristeza infinita me inunda al seguir mi camino. Sólo dura un momento, tiempo en que miro el paquete de Lucky y recuerdo que los fantasmas no fuman.