A los jóvenes poetas.

Siempre fue así.

La poesía dialoga consigo misma,

como ballenas cantando por sobrevivir.

Por eso escribe, escribe, escribe…

En su melodia se levanta

un puente entre soledades,

una huida del «yo»

para encontrarse, después de todo,

en la claridad del «nosotros».

Escribe sobre sus grietas, sobre sus caleidoscópicos laberintos,

sobre sus umbrales luminosos y sobre tus nervios cristalinos.

Escribe sobre su mano cálida, la ternura de sus labios,

su miradas entre miles y su sexo caliente y generoso.

Escribe, escribe.

Porque es en ese viaje al fondo del espejo,

cuando todo es posible,

incluso la esperanza. Sobre todo la esperanza.

Así que vístete de arqueólogo en la búsqueda de tu verdad,

abre la tierra y sus mentiras, enfrentate a la injusticia,

a la mano vacía y la boca hambrienta,

a la bota de hierro y al poder que la maneja,

porque los sentimientos no tienen nombre,

y la palabra es una cárcel

donde no cabe ni cabrá nunca la realidad.

Por todo ello escribe,

escribe y sueña

despierto, en este infierno implacable y mezquino,

porque aunque la vida no tenga sentido

y seamos gotas de agua diluidas en el abismo,

este silencio nos da aire entre la muchedumbre como

materia eterna, raíces de lluvia, eco de cenizas

y hoguera del olvido. Por todo ello

escribe, escribe, escribe, escribe…

Han ganado… (De momento)

El televisor grazna como cuervo
su propaganda delirante
y yo
sentado, con el cigarro aferrado
a una mueca triste
me pregunto si dormir…

Dormir, morir, tal vez soñar…

¿Ignoro si soy? No.
Soy el puzzle de un espejo
que enfrentado a otro espejo
muestra su laberinto.
Como esa colilla que ahora me contempla
indiferente                   y gris
en el cenicero.

Cuando la esperanza se apaga
todo sabe a ceniza de futuro,
a parto trágico,                     a grito herido
que nadie                en el bosque
escuchará.
Y no hay trago, ni boca, ni colchón
que apacigüe la rabia, ni devuelva el latido
al viejo y desconfiado reloj.

Mientras las calles se llenan de vacío
el verano quema mi corazón.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

El tiempo pasa y a
cada paso                       siento
que nos aleja
como desengaños
de la primavera en que nuestras manos
soñaron florecer.