El humo y la vida.

Empecé a fumar con 14 años por rebeldía,
por afán de libertad,
porque fumar era propio de héroes,
-aún pensaba que el cine
era un buen reflejo de la realidad-
bendita inocencia.
Desde entonces he buscado
miles de maneras de ser libre y

al final

todas han resultado humo.

Cada decisión me ha atado más a la vida,
ha marcado un momento y un lugar,
definiéndome por lo precario de mis posesiones,
porque en realidad
mi única preocupación siempre fue
con quién compartir el próximo cigarro… Cuando soy yo

el que debería de dejar de fumar.

La huída

A William Faulkner

Todo estaba a oscuras. Encendí la linterna un instante y su luz sacudió las penumbras. Sólo era una pequeña proyección que no servía para iluminar el andén, aunque me ayudara a entender la inmensa dimensión de sus sombras.
Podía seguir en aquella dirección o volver sobre mis pasos, pero el miedo no me dejaba pensar con claridad. Los dilemas de lo real no se limitan a cerrar un libro.
Cuando la muerte te persigue, nadie busca un punto y final por si a éste le precede tu nombre.
Calculé los riesgos. Lo menos arriesgado era seguir adelante y ser engullido por aquella tenebrosa confusión. Así que apagué el móvil y poco a poco el eco de mis pasos
se perdieron en el silencio como si nunca hubiera estado ahí.