Busco la soledad.

Busco la soledad,

pero no quiero que ella me encuentre.

Sé demasiado bien que esa historia

no tendría un final feliz.

Por eso me escondo en el recuerdo,

entre las estanterías polvorientas o

en el reflejo pálido

que me observa entre mis manos

con la vana esperanza de huir…

Entre tanto,

discuto mentalmente con cretinos

que arrojaría al infierno,

sino fuera porque éste

arde en mi mirada hasta consumirla,

debato los pros y los contras

de rendirme al vacío de ser,

sin estar al fin

y escribo

porque no tengo otra arma para combatirme.

Pero entonces

una fuerza invisible

se agita hasta sublevarme,

se revela como un negativo de lo que soy

cuando estoy sin ti

y comprendo

con la luz de un despertar tardío,

que la huida es una trampa

un farol descubierto

porque nadie,

ni siquiera la muerte,

puede escapar de ti.

A las víctimas de mis queridas Rambles de les Flors.

Ya no hay flores en La Rambla.

Ya no hay flores.

Se las llevó el tiempo y la ira,

un odio mezquino

como el de aquel que se alimenta de bilis

en la soledad de su infamia.

Ya no hay flores, amigos, ya no hay flores;

mudaron en sombra, en recuerdo,

en sangre derramada

cuando no quedaba ya

ni el aroma del jazmín ni de la rosa

bajo el sol alegre de las terrazas.

De luto quedaron los libros,

incapaces de explicar tanta sinrazón

capturada bajo la superficie de las lágrimas.

Quebrar de rabia la mesa,

emborracharse frustrado con las estrellas,

gritar, correr o abrazarse al mar

como un loco que sujeta

entre sus brazos la esperanza

puede servir de momento…

¡Vana tirita para un mundo que se desangra!

Ya no hay flores en la Rambla.

Ya no hay flores.

Sólo un silencio mohoso

donde no cabe ni siquiera la luz del mañana.

Las bocas muertas.

Yo vengo a hablar por vuestras bocas muertas
aquellas que silenció el rayo y la noche,
cuando en lo más oscuro
las lágrimas se vistieron de alba y ceniza.

Vengo a hablar por la esperanza talada
por la tierra quemada de orgullo y por
la desolación que oculta la vidriera de tus ojos
marchitos, cansados, de pena y soledad.

Vengo a hablar por vuestros nombres mudos
ajenos al otro como los lados de un túnel
donde no corre ni el aire, ni la alegría
entre tan negra pesadumbre.

Vengo a hablar por ellos, por ellas,
para que la rabia no apague la risa,
ni el dolor eclipse las almas. Cuando parece
cuando cualquiera diría que todo está perdido
miremos al futuro cara a cara,
digamos cosas sin sentido
como por ejemplo:
alas, fotografías, corazones, corsarios
hasta derruir los parentesis de nuestra burbuja
y afrontemos el presente como un regalo.

Así que salgamos de las tumbas como zombies
hambrientos de caricias,
rompamos el hielo que cristaliza los suspiros y
quebremos los espejos convexos de la noche
que deforman las siluetas como en la calle del gato.
Porque he venido a hablar por vuestras bocas muertas
como habla el mar con sus olas o
sueña el cielo con sus pájaros.

La universidad de la locura

Manicomio_2

Aprendes: que no eres

que no importa tu historia,

ni tu nombre,

ni las palabras que te llevaron hasta allí.

En un ejercicio

de sumisa normalización

renuncias a todo,

incluso a tu libertad. Porque

comprendes rápidamente

que el único camino para escapar

pasa por desertar de uno mismo.

Puede que te aten, que te violen

la mente, o el culo, o el coño extra-seco,

tras sus muros ciegos.

Será entonces

cuando te gradues

como un animal

en el manicomio,

la auténtica universidad de la locura.